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Educación, militarismo y los grupos de sujetos que impactan el modernismo y promueven el gasto social

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09.09.2026

En las sociedades modernas la producción del conocimiento se encuentra bajo procedimientos de exclusión social, fundamentados y ejecutados en formas de control de la producción del discurso. Así, los discursos aparecen controlados por mecanismos de producción de subjetividad capaces de explicar lo que es verdadero, lo que es posible de conocer y a los sujetos que son capaces de participar en este proceso social. Ahora bien, es necesario reconocer la centralidad de los procesos discursivos en la construcción de los vínculos sociales, es decir, como los procesos discursivos forman parte de la estructuración de la vida social en cuanto tal. Las relaciones de representación no son un nivel secundario que reflejaría una realidad social primaria que se constituye en otra parte como una suerte de realidad nominal, sino el terreno mismo en el cual se constituye lo social. Así pues, toda transformación política tiene lugar como desplazamiento al interior del proceso de representación discursiva.

Lo relevante aquí es reconocer que si la educación es representada como un componente esencial de la democracia en las sociedades modernas, el sentido del término y la representación especial que hace posible solo puede emerger a partir de una posición diferencial respecto a otros términos del campo social, transformándose en uno de los nombres de aquella plenitud de lo social que la democracia intenta lograr, operación realizada a través de una relación de equivalencia con todos los otros términos que pertenecen a ese discurso.

Lo que es constitutivo de la relación hegemónica es que

los elementos y dimensiones que le son inherentes están articulados por vínculos contingentes. Por ello la hegemonía es siempre metonímica. Pero toda hegemonía intenta retotalizar y hacer necesarios los vínculos contingentes en que se basa su poder articulador (totalización metafórica). Cuanto más extensa sea la cadena de equivalencias que un sector particular represente y cuanto más se transformen sus

la doble condición de reducirse a elementos diferenciales y de componerse según leyes de orden estructural (combinación o sustitución). En todo proceso simbólico, tanto intersubjetivo como social, se manifiestan los procedimientos metafórico y metonímico, demostrando como los signantes adquieren su propia coherencia de la red, de manera autónoma con respecto al significado. Por ejemplo, los sujetos imaginan que poseen el sentido de sus prácticas, pero en realidad están determinados por el lugar que ocupan en la estructura, es decir, por el significante.

Objetivos, en un "nombre" para un proyecto emancipatorio global, más indefinidos serán los vínculos entre ese nombre y su significado original especifico y más se aproximará al estatus de signante vacío. Toda relación hegemónica requiere la producción de significantes tendencialmente vacíos, cuya función es renunciar a su identidad diferencial a fin de representar la identidad puramente equivalencial al interior de un espacio........

© Aporrea