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Serie Los Salmos anatomía del alma: El alma bendecida

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27.09.2026

«Feliz tú, que honras al Señor y le eres obediente. Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y te irá bien. En la intimidad de tu hogar, tu mujer será como una vid cargada de uvas; tus hijos, alrededor de tu mesa, serán como retoños de olivo. Así bendecirá el Señor al hombre que lo honra.» Salmo 128:1-4. (DHH)

Después de haber traído en los episodios anteriores de esta serie, el alma en diferentes facetas de la cotidianidad: el alma sedienta, arrepentida, angustiada, expectante, refugiada, desconcertada ante las adversidades, examinada por Dios y llamada a confiar en el Altísimo aun en medio de la injusticia. Hoy nos encontramos con el alma que es capaz de reconocer con asombro el bien de Dios en su vida. Es la conclusión a la que llega el salmista al analizar su propia existencia y la de aquellos que ha visto caminar con Dios. Han sido muchos los momentos de soledad y angustia; su corazón quebrantado se ha concentrado en todo aquello que lo aflige; sin embargo, hay un día en que sentado a la mesa con su familia, compartiendo los alimentos y las experiencias de cada día, se da cuenta de todo lo que tiene; de lo bienaventurado, lo bendecido, lo feliz que es. Entonces, reconoce que todas esas bendiciones tienen un origen único: su relación de amor con Dios. Porque la bendición espiritual se mide, en primer lugar, por la obra de Dios en nuestro corazón.  Como lo expresó Jesús cuando dijo: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.» Mateo 6:33. Si leemos el contexto podemos constatar que «todas estas cosas» se refiere a las necesidades materiales básicas de la subsistencia.

Si imaginamos un árbol frutal cargado, nos llenamos de admiración ante las bondades de la naturaleza.........

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