Ejercer el sobrinato
Mira que les renta a algunas el parentesco, real o inventado, y los eufemismos para no llamar como se llama a lo que así se llama
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Que coincida el inicio de la campaña de la renta con el inicio del juicio por la trama de las mascarillas parece cosa de una mente con retorcido sentido del humor. Mientras los ciudadanos de a pie nos disponemos a pagar religiosamente lo que se ... debe, desfilan ante un juez servidores de lo público que se enriquecieron (y cómo) a nuestra costa. En medio de esta especie de broma cruel nos toca hacer números para desgravarnos la hipoteca, conteniendo el aliento por el susto que ya anticipamos, mientras asistimos a las comparecencias de personajes como la odontóloga colegiada Jésica, a la que el apartamento en el centro le salía gratis por colecho. Seguro que a ella no le quitaba el sueño hacer la declaración de la renta. Casi dan ganas de empezar a calcular lo adeudado al erario en Jésicas (del mismo modo en que ellos se entendían en lechugas y chistorras). La renta, pues, le saldría a uno a pagar un total de una Jésica y media si lo que se tiene que apoquinar son 4.000 euros. Que el pisito eran 2.700, con gato incluido. El puesto de trabajo era aparte. Porque la odontóloga colegiada, mientras estudiaba y tal, desempeñaba funciones del todo desconocidas, por no decir inexistentes, en Tragsatec, donde su responsable se «empezó a preocupar» cuando le dijeron que era sobrina de Ábalos y antes le habían dicho que lo era de Koldo. Que o tenía muchos tíos o todo era muy raro, pensó ella, que estaba hecha una Sherlock y las pillaba al vuelo. Y se empezó a preocupar. No lo hizo antes, cuando la colocaron siendo sobrina solo de Koldo. Eso parece que no le preocupó, ni le asombró un poquito siquiera, lo que vendría a indicar que es práctica habitual de la empresa que las sobrinas de cualquiera (de cualquiera que sea alguien, entiéndanme) tengan derecho a nómina y puesto, y que los responsables no levanten ni una ceja. Tampoco la levantaron en Logirail, donde emplearon a otra sobrina (esta, exmiss Asturias en lugar de odontóloga colegiada). Mira que les renta a algunas el parentesco, real o inventado, y los eufemismos para no llamar como se llama a lo que así se llama. Tanto es así que al abogado de Ábalos le ha amonestado el presidente del tribunal por preguntarlo abiertamente. Es cierto que podría haber preguntado si ejercía el sobrinato activo, por mantenerse en el marco semántico del neolenguaje impuesto, pero la reformulación acababa siendo «¿su profesión tiene que ver con la contraprestación económica a cambio de sexo?». La respuesta de Jésica («soy dentista y colegiada») remite a aquel Groucho al que preguntan en interrogatorio si es culpable o inocente y responde «soy extranjero». Y nosotros aquí, hurgando en el cajón de las facturas, buscando el último ticket de un taxi para que nos cuadren hasta los decimales. Que esta tropa haya estado al mando debería desgravar.
José Luis Ábalos Meco
Declaración de la Renta 2025-2026
