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La Edad de Piedra

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06.04.2026

La Edad de Piedra ya había sido el sueño húmedo (instigado por Churchill) del Gobierno americano para Rusia entre el 45 y el 49

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Ignacio Ruiz-Quintano

Los liberalios nos vendieron la guerra americana de liberación de las mujeres en Persia como un 'Bienvenido, Mister Marshall' en Teherán, que no es Villar del Río, y ahora resulta que para eliminar el velo de la opresión femenina hay que sacar a aquel país ... de la Edad Media y enviarlo a la Edad de Piedra, «where they belong», en palabras de Trump, que ha llevado a la Casa Blanca el lenguaje de las partidas de cartas en la guarida de los Soprano.

—El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán e Infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente Donald J. Trump.

Es el mensaje de Pascua al mundo del tipo en quien su pastora Paula White ve a Jesucristo, revelación que tiene a los liberalios con los ojos bailando como bolitas de alcanfor. (Para los tibios, 'The Guardian' habla de un cable del secretario Rubio ordenando a su personal levas «de 'influencers' y académicos para trasmitir mensajes» de la unidad de operaciones psicológicas del Pentágono).

Los yankis tienen (tenían) dinero, pero carecen de pasado, y de ahí su obsesión con la Edad de Piedra, que para ellos es una mezcla de 'La decadencia de Occidente' de Spengler y 'Las Tres Edades' de Buster Keaton, con dibujos de los Picapiedra y textos atapuercanos de Arsuaga. Su civilización no es el trabajo, sino el dinero. La civilización, según Dalmacio Negro, nació con la condición de ganar dinero con el dinero, con el préstamo: los bancos son construidos como los templos, cosa que viene de los templarios, que tenían el dinero en sus templos-fortalezas, que por eso Montesquieu llegó a entender la función de la Torre del Oro en Sevilla.

La consagración imperial del estilo gansteril en el mensaje trumpiano de Pascua no viene del Jefferson de «el dinero y no la moral es el principio de las naciones fuertes», sino del Jackson que reparte el Banco Nacional en 'Petits Banques' entre sus amigos, 'inventando' la corrupción presidencial, tras seis presidencias ejemplares de espiritualidad política. Un racista, lo describe Trevijano, que concibió el 'destino manifiesto' de la joven nación como un exterminio de los diablos indios y los íncubos españoles, pero que logró fama legendaria en la defensa de Nueva Orleans contra los ingleses. El interés por la política había disminuido, y su lugar lo ocupó la fama.

—Nadie había obtenido antes una votación popular semejante. Y rodeado de una camarilla de aduladores aprovechados, Jackson rompió la tradición de honestidad de la República introduciendo el 'spoil system', el reparto de los puestos del Estado entre sus partidarios.

La Edad de Piedra ya había sido el sueño húmedo (instigado por Churchill) del Gobierno americano para Rusia entre el 45 y el 49.


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