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Novia en la IA

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28.03.2026

Quienes acuden a estas relaciones estupefacientes buscan la escapatoria de la soledad

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Ángel Antonio Herrera

Hay muchos entusiasmos ya con tener novia en la IA, como el que la tiene en el pueblo, o en el extranjero. De modo que la IA ya nos tiene preparada la pareja ideal. Naturalmente, se trata de una chavala virtual, nacida bajo una cuota ... de requisitos que el interesado impone, para que el milagro le quede de arreglo a una vecina que nunca tuvo. La IA viene así a rescatar, sin proponérselo, la idea del poeta sobre la belleza máxima: nadie discute su hechizo, pero sí su existencia. Porque uno puede encargarle a la IA una Miss Moscú, pero esa Miss Moscú no está en el mundo, sino en internet, que es como decir en lo alto del todo de la nada. Insisto en que hay mucho frenesí con esta fantasía. También se da al revés: mujeres que perpetran maridos. Y todos tan contentos. No hay que desdeñar estas bobadas, porque en ellas se delata que al gentío le importa mucho el amor, entendido como una apetencia estética, según el poeta que quizá no frecuentan, y también según las condiciones que establecen los aspirantes varones: altura, peso, proporciones y hasta un vestido negro para la monada. A esos aspirantes casi habría que llamarlos clientes, porque este dislate sentimental se paga. Sin suscripción, no hay chavala. Maliciaba José Luis Alvite que el amor consistía en compartir el coste de un lavavajillas, y ahora resulta que el amor se ha vuelto una cuota individual, un desvío de contrato para inaugurar algo que no es exactamente amor, sino el alquiler sin hora de una figura digital, atractiva y perfectamente irreal. Caballero Bonald dejó escrito, después de leer un libro, que esa soledad le evitaba quedarse solo. Quienes acuden a estas relaciones estupefacientes buscan precisamente lo contrario, la escapatoria de la soledad, aunque confiarle el corazón a una máquina no deje de ser una forma de contemplarse más solo que la luna. La IA propone, en el fondo, una mujer sin presencia, y eso ahora gusta. Ya hemos entrado en una época de vínculos sin contacto, de arrebatos sin roce. Nos falta una novia en la IA, que es el modo de quedar a diario para no encontrarse nunca.

Inteligencia artificial

José Manuel Caballero Bonald


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