Menos gracias, por favor
Los Goya cumplen el sábado 40 años. Luis Tosar y Rigoberta Bandini serán los encargados en esta ocasión de lidiar con una gala en la que compiten 30 categorías de premios, un reto al que año tras año se han enfrentado con distinta suerte guionistas y presentadores.
A lo largo de estas cuatro décadas ha habido de todo: galas emotivas, delirantes, reivindicativas, con momentos memorables y otros tremendamente aburridos con inacabables discursos de agradecimiento por parte de los galardonados que una vez en el escenario y con el cabezón del Goya en la mano (por cierto, una de las mejores ideas fue rebajar su peso que ahora en bronce reciclado es mas llevadero) no saben poner fin a tanto agradecimiento a padres, hijos, parejas y se consideran en la obligación de dejar claro que el resto de los nominados también merecían el premio. Así 30 veces.
Estoy segura que yo, llegado el caso, como buena hija y buena colega y compañera, también haría lo mismo, pero puesta en modo espectadora tanto reiterar las gracias es insufrible.
Este año los organizadores de la gala han convocado a los nominados a una proyección para señalar errores pasados con el propósito que no se repitan. De momento han acordado que cuando los galardonados compartan premio puedan subir al escenario, pero solo uno hablará en nombre de todos.
Algo de agilidad ganaremos y más si se respeta, que apuesto que no se respetará, el minuto de tiempo que se aconseja por intervención.
