Irán, cuando la nueva guerra es la peor guerra de siempre
Vivimos con estupor cómo el mundo se asoma de nuevo a un abismo, empujado por una peligrosa lógica que empezamos a interiorizar: la de la confrontación permanente. La escalada militar sobre Irán, con una segunda oleada de ataques coordinados de Estados Unidos e Israel en menos de ocho meses, está provocando un gravísimo impacto en la seguridad de Oriente Medio y en el comercio de materias primas esenciales a través del estrecho de Ormuz —gas, petróleo, fertilizantes—, con consecuencias económicas y financieras para el conjunto de países y ciudadanos. Todo ello vuelve a poner de manifiesto la incapacidad y debilidad de organizaciones como la UE y Naciones Unidas para hacer prevalecer la legalidad internacional o ejercer, al menos, una influencia pacificadora.
El informe anual de Riesgos Globales para 2026 del World Economic Forum ya situaba el presente "en un precipicio" y el horizonte hacia 2028 y 2036 en una dinámica de "riesgos de acumulación", con una perspectiva oscura marcada por la confrontación geoeconómica, los conflictos armados estatales, la polarización social, la desinformación y los eventos climáticos extremos. También la Conferencia de Seguridad de Múnich, cuyo lema este año ha sido Under Destruction, ofrece una radiografía exacta de nuestro tiempo: se impone la política de las "bolas de demolición", del destruir antes que renovar.
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