Género y educación: la pedagogía de la complacencia

Género y educación: la pedagogía de la complacencia

Durante siglos, muchas niñas aprendieron que ocupar espacio era un exceso. Hablar demasiado, reír muy duro, opinar con firmeza o mostrarse seguras podía ser interpretado como una falta de delicadeza. Mientras a los hombres se les educaba para dirigir, explorar y conquistar el mundo, a las mujeres se les enseñaba —de manera explícita o silenciosa— a disminuirse para resultar aceptables. La educación femenina, tanto dentro como fuera de la escuela, estuvo históricamente atravesada por ideales de obediencia, recato y complacencia.

Esa forma de educar no siempre apareció en manuales escritos. A veces se transmitía en frases cotidianas: “siéntese bien”, “no conteste”, “las niñas deben comportarse”, “qué pena llamar tanto la atención”. Otras veces se materializaba en la distribución misma de los espacios: niños participando con libertad mientras las niñas aprendían a pedir la palabra casi como si estuvieran pidiendo permiso para existir. El silencio femenino no fue accidental; fue aprendido.

La socialización de género ha cumplido un papel determinante en este proceso. Desde edades tempranas, muchas niñas reciben mensajes que asocian el valor femenino con la amabilidad, la docilidad y el cuidado de los demás. En contraste, la seguridad, el liderazgo y la........

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