De la desobediencia civil
De la desobediencia civil
No puedo compartir un llamado a desconocer la autoridad del Presidente de la República que usa la filosofía política como pretexto para incendiar y la norma legal como excusa para impulsar una agenda política. La realidad nacional, mi ética personal y mis convicciones sobre la institucionalidad como camino hacia el progreso me dicen cuáles son los límites de la oposición democrática.
La desobediencia civil no es un simple acto de rebeldía, ni una consigna para vestir de academia una rabia política. En teoría, es una forma pública, consciente y no violenta de incumplir una norma que se considera gravemente injusta, asumiendo incluso las consecuencias de ese incumplimiento. Su fuerza moral no está en el desacato por el desacato, sino en la gravedad de la injusticia que pretende denunciar.
Por eso, en abstracto, puede haber casos en los que la desobediencia civil tenga sentido. La historia está llena de ejemplos en los que ciudadanos, movimientos sociales y minorías perseguidas desobedecieron normas indignas para recordarle al derecho que no todo lo legal es justo. Pero precisamente por eso hay que usar la expresión con cuidado. No todo desacuerdo político........
