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Mil pasos hasta 2050

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09.01.2026

Recuerdo de pequeño las conversaciones de escalera. Vivía en un barrio popular donde las relaciones entre los vecinos reproducían aquellas traídas de los pueblos, donde entre mucha solidaridad y buen hacer no faltaba la envidia empaquetada con lazos de sonrisas falsas. En aquellas conversaciones se hablaba de todo, pero no faltaba la crítica hueca, vacía. La crítica como fin último, la crítica por el mero placer de criticar. Recuerdo, ya de mayor, que yo mismo criticaba estas conversaciones diciéndole a mi madre que eran propias de alcahuetas.

España lleva deambulando por la indefinición casi cuatro décadas. Desde la segunda mitad de los ochenta los registros españoles, siempre enmarcados en el primer mundo a pesar de todo, dejan mucho que desear. No les voy a descubrir nada hablándole de la tasa de desempleo, del fracaso escolar, de PISA o de muchas otras cuestiones. No voy a martirizarlos con cifras sobre el peso de la I D i en el PIB o sobre tasa de temporalidad en sectores como la salud o la ciencia. Pero si están al tanto de todo esto, sabrán que, entre los países del primer mundo, en muchas cosas no destacamos para bien.

Ya son casi cuatro décadas que dan pie a acrecentar el temor sobre lo que será. La productividad, gran indicador macroeconómico -ciertamente imperfecto, pero irrenunciable para poder explicar tantas otras cosas-, nos señala como el fantasma de las navidades futuras que vamos por mal camino. Y es que, si la productividad no crece, olvídense de todo lo demás. Olvídense de tener más recursos para hospitales. Olvídense de esperar más y mayores salarios. Vayan olvidándose de una buena pensión. Olvídense de un futuro mejor para sus hijos… ¿Creen que soy duro? Pues esperen y verán. Hablamos en 30 años si nadie lo remedia.

¿Nunca se han preguntado por........

© Vozpópuli