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Majestad, no pida permiso para reinar

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11.07.2020

Era el fatídico 14 de abril. Plena pandemia. Había transcurrido un mes de la famosa carta en la que Felipe VI rompía formalmente con su padre. Rechazaba su herencia y le retiraba la asignación oficial fijada en los presupuestos. Ese día, aniversario de la II República, el monarca visitó una dependencia castrense. Lo hizo con el uniforme de capitán general. Mesnadas de trolls enloquecidos y fanáticos inundaron las redes con espumarajos repulsivos, animados por un comentario de Pablo Iglesias ferozmente crítico con el hecho de que el jefe de los Ejércitos aparezca frente a las tropas vestido de militar y no de banderillero.

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Opinión

Atacar a la Corona es uno de los pilares de la acción política de Pablo Iglesias. Lo hacía antes de entrar en el Gobierno y lo hace ahora, aún con mayor empeño. 'Muerte al Borbón' es una de las frasecillas favoritas de las redes moradas. Ahora retumban con virulencia mayor. Ni siquiera al entrar al Gobierno. No disimulan. Podemos celebró el primer día del estado de alarma con una cacerolada de corrala contra la Corona. No le preocupaban los muertos olvidados, ni los ancianos abandonados (área de Iglesias), ni los médicos maltratados. Su única obsesión en esas horas de angustia era la Corona.

Decía Iglesias, (da lo mismo cuando lea esto), que aunque respeta las leyes, "el pueblo no está dispuesto a tolerar ciertos privilegios, ni la corrupción o la impunidad". Atributos, todos ellos, que caracterizan a la institución monárquica, cabe deducir de las palabras del líder peronista. El CIS de Tezanos le contradice, seguramente muy a su pesar. Las noticias referidas a las actividades subrepticias de don Juan Carlos apenas le preocupan al 0,3% de la sociedad, que, por cierto, sitúa a la Monarquía en el puesto 35 de los 38 problemas del ranking nacional.

Su alto nivel de paciencia quedó demostrado al recibir en Palacio, uno a uno, a todos y cada uno de los miembros del Gobierno, cuyo nombre, ignoto y prescindible, seguramente ni Sánchez recuerda

El asedio crece, la campaña se descontrola y el margen de maniobra de Felipe VI se estrecha. Pedro Sánchez le restringe la agenda, le coharta los movimientos, le quiere arrinconado y encogidito en la Zarzuela. No da que hablar. El alto nivel de la paciencia regia quedó demostrado al recibir en Palacio, uno a uno, a todos y cada uno de los miembros del Gobierno,........

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