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De la grandeza

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15.06.2019

Mientras el chico Rivera contaba y recontaba sus votos con el ensimismamiento con que un adolescente, en el Metro, repasa las monedas que le permitirán exprimir la noche del sábado, Rafael Nadal, sobre la tierra roja de París, reventaba en cuatro sets a un brillante austriaco llamado Dominic Thiem y alcanzaba glorias nunca holladas por nadie, desconocidas para el ser humano hasta que llegó él.

El eslogan de Rivera durante esta última campaña de recolección de votos (o durante la anterior; son demasiadas y ya no me acuerdo) fue ¡Vamos! Es el mismo que acompaña a Nadal, en las pistas de tenis, desde que era un chiquitín: Vamos, Rafa. Es obvio que no se trata de una coincidencia sino de una apropiación, que a mí me parece moralmente indebida pero que no es reclamable.

Nadal ha conseguido vencer en 12 torneos de Roland Garros. 12. Para encontrar algo lejanamente parecido hay que recurrir a un señor que se llamaba Maxime Décugis y que ganó ocho. Pero eso fue hace más de cien años, cuando imagino que aún no estaba claro si al tenis se jugaba con una raqueta de cuerdas entrecruzadas o con la pala de madera que servía para sacar las hogazas del horno. Décugis salía a la pista con una camisa blanca de vestir arremangada hasta el codo y pantalón largo. Se peinaba con raya al medio del cráneo y con gomina. Su señora esposa, Marie, con la que solía ganar torneos de dobles que están ahí, en las estadísticas de la prehistoria del tenis, corría por la pista con un bonito conjunto de blusa y falda hasta los tobillos. De haber podido ver a Nadal, habrían pensado seguramente que se trataba de un........

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