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26.05.2019

“Es él. Lo Tenemos. De puta madre”. Reveladoras palabras de la agente de la Guardia Civil que apresó a Josu Ternera, de apenas veintitrés años y que, como yo, todavía no había nacido cuando, según la policía y todavía pendiente de verificar por la justicia -rarezas de tiránicas e ilusorias democracias-, el ahora anciano José Antonio Urruticoechea ordenó volar la casa cuartel de Zaragoza. Con seis niños y cinco adultos sobre su maltrecha conciencia -ingenuo de mí-, malvivía en una chabola desguazada, encerrado en un cáncer, raquítico e irreconocible. Imposible concebir más certero epitafio para la banda del tiro en la nuca y la dictadura del proletariado.

La cuadrilla abertzale, acostumbrados nos tenían a las habituales celebraciones que el nombre del histórico etarra producía, orgullosos de su fuga y su........

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