Enfermedades huérfanas: algo más que un diagnóstico

Por definición, las enfermedades huérfanas son aquellas que tienen una muy baja prevalencia en la población. En términos estadísticos, afectan aproximadamente a una de cada 5.000 personas. Su baja incidencia representa un enorme reto para los profesionales de la salud, ya que no siempre es fácil sospecharlas y diagnosticarlas de manera oportuna.

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La dificultad para llegar a un diagnóstico temprano no solo obedece a su rareza clínica, sino también a las barreras administrativas que existen dentro de nuestro sistema de salud, lo que retrasa estudios, remisiones y tratamientos. Cada día cuenta cuando se trata de este tipo de patologías, y los retrasos pueden marcar la diferencia en la calidad y expectativa de vida de los pacientes.

En Colombia se han dado avances importantes en materia de reconocimiento y protección de esta población. En 2010 se promulgó la Ley 1392, mediante la cual se reconocen las enfermedades huérfanas como de especial interés y se adoptan normas orientadas a garantizar la protección social por parte del Estado colombiano a quienes las padecen y a sus cuidadores. Posteriormente, se han expedido decretos y resoluciones que buscan fortalecer su atención integral.

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Sin embargo, es necesario reconocer que la mayor lucha por la visibilización de las enfermedades huérfanas ha sido liderada por los propios pacientes y sus familias. Han enfrentado un sistema de salud frágil, insistiendo en diagnósticos oportunos, acceso a tratamientos y en la garantía efectiva de sus derechos.

No podemos desconocer que muchas de estas enfermedades implican tratamientos de alto costo para el sistema de salud. Aun así, se han realizado esfuerzos significativos para garantizar la atención y el tratamiento oportuno de quienes viven con estas condiciones en Colombia.

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El caso lamentable ocurrido recientemente con un menor de edad diagnosticado con hemofilia, cuyo fallecimiento generó conmoción nacional, nos obliga a reflexionar profundamente sobre la responsabilidad del Estado y del sistema de salud. También interpela a los profesionales sanitarios, quienes a diario somos testigos de las barreras de acceso que enfrentan nuestros pacientes.

Porque detrás de cada diagnóstico no hay solo una enfermedad: hay una familia, una historia y una lucha constante. Hablar de enfermedades huérfanas es hablar de dignidad, de equidad y de la necesidad urgente de fortalecer un sistema que garantice, sin obstáculos, el derecho fundamental a la salud.


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