El Poblado tras mi parabrisas

El Poblado tiene una característica curiosa, que no nombramos porque nombrarlo incomoda: sus propios habitantes no lo conocemos.

El pobladeño de toda la vida cada vez conoce menos su barrio, y esto no es una provocación sino una descripción literal de lo que ocurre todos los días: sale del parqueadero del edificio, entra al parqueadero del centro comercial, hace sus diligencias en ese mundo climatizado y perfectamente sellado donde todo está a la mano, y vuelve al parqueadero de su edificio.

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De manera que el barrio lo experimenta en fragmentos, a través del parabrisas, entre semáforo y semáforo, sin nunca pisarlo de verdad, sin saber qué cerraron la semana pasada ni qué abrió en su lugar. 

Quien sí camina El Poblado es el turista, el nómada digital,........

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