Elegir aportar

Hay una diferencia enorme entre estar y aportar. Hace poco, en una conversación, surgió una idea que se quedó conmigo: no basta con hacer lo que nos corresponde. La invitación es otra: involucrarnos de verdad.

Dar más de lo esperado. Llegar con propuestas, no solo con problemas. Asumir una posición activa frente a lo que queremos que pase.

Y, aunque suena evidente, no es lo más común.

Durante mucho tiempo asociamos el liderazgo con la posición, con la voz más fuerte en la mesa o con quien toma las decisiones finales. Pero esa idea empieza a quedarse corta.

Hoy, liderar se parece a otra cosa.

Se parece a llegar con propuestas. A asumir responsabilidad, incluso cuando no es “mi tema”. A entender que quedarse en la crítica es fácil, pero comprometerse con la ejecución es lo que realmente transforma.

Sobre todo, implica reconocer algo que a veces olvidamos: el valor de nuestro propio aporte.

Nos hemos acostumbrado a esperar. A que alguien más resuelva, a que alguien más lidere, a que alguien más dé el primer paso. Y en ese hábito, subestimamos el impacto de lo que cada uno decide hacer —o dejar de hacer— todos los días.

Tal vez por eso lo que más necesitamos hoy es menos espectadores y más protagonistas. Menos conversaciones sobre lo que falta y más decisiones sobre lo que podemos empezar a hacer.

Porque, al final, las situaciones no cambian por lo que se dice, sino por lo que se hace. Y cada aporte, por pequeño que parezca, tiene un efecto que muchas veces no alcanzamos a dimensionar.

Y en medio de ese panorama, vale la pena decirlo: en Barrancabermeja hay muchos líderes que ya están actuando desde ese lugar. Personas que proponen, que se involucran, que empujan, que no esperan a que las condiciones sean perfectas para actuar.

Ojalá sean cada vez más. Porque ahí hay una tarea enorme. La formación de nuevos liderazgos no ocurre por casualidad: requiere intención, espacios y referentes. Y en ese camino, el rol de la academia, desde la base, es fundamental.

Formar personas con criterio, con sentido de lo público, con capacidad de trabajar con otros y, sobre todo, con la convicción de que su aporte sí cuenta.

Porque liderar hoy no es tener todas las respuestas. Es estar dispuesto a ser parte de las soluciones.

Y eso empieza, siempre, por decidir involucrarse.


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