Petro desconectado |
En los últimos días ha sido noticia la entrevista entre el presidente Gustavo Pero y Westcol streamer bastante conocido entre la juventud colombiana. Dicha entrevista dejó más que titulares virales: expuso sin filtros la profunda fractura entre el discurso presidencial y la percepción de la vida cotidiana de los colombianos.
Lo que decía ser un ejercicio de dialogo abierto terminó siendo un espejo incomodo. Petro, fiel a su narrativa, insistió en matizar y minimizar la inseguridad del país, sugiriendo que “Colombia no es tan insegura si uno sabe moverse”. Una afirmación que resulta problemática, no solo disminuye el impacto de la criminalidad, sino que trasladó la carga al ciudadano, como sí la seguridad dependiera de la habilidad individual para “navegar” en el riesgo.
Además Petro insistió que quien delinque es una persona sin opciones, ahí es donde la intervención de Westcol adquiere relevancia. Sin tecnicismos ni cálculos políticos puso sobre la mesa una postura que conecta con el sentido común de millones: venir “de abajo” no justifica delinquir. Su frase “yo decidí no robar, yo decidí trabajar por lo mío”, no es solo una opinión personal, es un recordatorio de responsabilidad individual en medio de situaciones adversas. Y sobre todo, desmonta una narrativa peligrosa: la romantización del delincuente como víctima de las circunstancias.
La conversación también evidenció la profunda desconexión del Gobierno frente a temas sensibles como la seguridad y el orden publico. Mientras el presidente insistió en enfoques más comprensivos frente al crimen, la ciudadania reclama acciones más firmes. No se trata de venganza como lo dijo el presidente, se trata de la exigencia básica de justicia. Quien agrede, quién roba, quien desplaza, está vulnerando derechos fundamentales y debe enfrentar las consecuencias de sus actos. Pareciera que delinquir es mejor que no hacerlo.
Resulta llamativo que haya sido un creador de contenido, sin estructura política ni responsabilidades institucionales, quien presentara con mayor claridad temas como la necesidad de mantener relaciones estratégicas con países como Estados Unidos, reconocer el impacto real de la guerrilla en el desplazamiento forzado o defender el valor del debate abierto. Esto no eleva a WestCOL a un referente político, pero sí evidencia un vacío: el de una narrativa oficial que no logra conectar con la experiencia diaria de los ciudadanos.
Aparte: impresentable lo que está ocurriendo con la discusión del empréstito en Bucaramanga. Muchas dudas, pocas respuestas, en un proceso que carece de la transparencia exigible para un proyecto de esta envergadura. No existe claridad suficiente sobre la viabilidad técnica de las iniciativas que se pretenden financiar, lo que agrava la incertidumbre. No es una cifra menor: medio billón de pesos en endeudamiento requiere acceso pleno a información técnica rigurosa, verificable y oportuna.