¿El que escruta, elige? |
A pesar de que el sistema electoral le ha permitido elegirse en seis ocasiones, el presidente insiste en deslegitimarlo sembrando dudas sobre las garantías que ofrece.
La crítica es la misma, y gira en torno a la forma en que los jurados deben diligenciar el formulario E–14 y al software que se utiliza en el escrutinio. Se atrevió, incluso, a instruirlos sobre cómo deben hacerlo desconociendo que el Registrador Nacional del Estado Civil es el director y organizador de las elecciones; por lo menos mientras no se reforme el artículo 266 constitucional.
Quienes conocen del tema afirman que el riesgo de fraude es remoto. Otra cosa es que en el preconteo –que tiene carácter informativo– los jurados se equivoquen.
El sistema no es perfecto, pero la Registraduría, con cada elección, va tomando medidas para corregir errores y superar las deficiencias que detecta. En las próximas elecciones, por ejemplo, se digitalizarán y publicarán los tres ejemplares de los formularios E–14 y permitirán que jurados y testigos electorales les tomen fotos.
Pero hay que ir un poco más allá.
Para votar hay que identificarse ante el jurado. Uno de ellos ubica y resalta el número del documento de identidad del elector en la lista de sufragantes (formulario E–10), comunica al jurado encargado del acta general y del registro general de votantes (formulario E–11), quien ubica el número de cédula, registra los nombres y apellidos del ciudadano en los espacios correspondientes y le solicita que ponga su firma y huella.
Cerrada la votación, nivelan la mesa; lo hacen verificando que el número de votantes que reflejan los formularios E–10 y E–11 coincida entre ellos y con el número de votos depositados en las urnas. Si el número de votos es menor al de electores, no hay problema. Si es mayor, deben contarlos de nuevo; si la diferencia persiste, depositan las tarjetas marcadas en la urna, sacan al azar igual número de votos a los que excedan y los incineran sin desplegarlos.
Nivelada la mesa, anuncian el resultado en voz alta y comienza el conteo. El resultado lo plasman en el formulario E–14 que es el documento base de los escrutinios.
Los documentos electorales no permiten que exista un número mayor de votos que electores. Si se presenta alguna diferencia, el sistema la detecta con facilidad, y las comisiones escrutadoras conformadas por jueces y notarios la corrigen. El resultado es fidedigno.
Afirmar que en el escrutinio hay un 100 % de riesgo de fraude es una irresponsabilidad mayúscula. El proceso está revestido de todas las garantías de seguridad, trazabilidad y transparencia. Quien elige es el ciudadano, no el que escruta.