El trapo ‘roto’

La mañana del lunes, cuando hacía el primer recorrido por el mar de noticias y análisis sobre el resultado de las elecciones legislativas, hice ‘clic’ en el triste desenlace del Partido Liberal en Santander. Y pensé, con cierta ironía, ¿el ahora único representante electo del glorioso partido del ‘trapo rojo’ sabrá al menos quién fundó este movimiento? ¿Tendrá idea de en qué consistió el periodo denominado como la República Liberal? ¿Estará enterado de que en esta misma tierra existió un grupo clientelar que se autodenominó la Confederación Liberal de Santander cuyos dirigentes terminaron judicializados y condenados? ¿Le habrán contado que una disidencia tomó el nombre de ‘Sindicato Liberal’?

Mario José Carvajal Jaimes, ahora representante electo por Santander a la Cámara, se convirtió, sin quererlo, en el eslabón perdido de un movimiento político tradicional con un pasado lleno de nombres ilustres, como Gabriel Turbay Abunader, Alejandro Galvis Galvis, Alfonso Gómez Gómez, Luis Carlos Galán Sarmiento y Horacio Serpa Uribe, entre otros, que si se levantaran hoy de sus tumbas seguramente se devolverían al ver la debacle en que se sumió un partido otrora cargado de gloria.

Que tan solo un candidato de esta colectividad por este departamento llegue al Congreso no solo es noticia, es la triste consecuencia de un partido que se extravió, mucho tiempo atrás, en las componendas, el cálculo político, el clientelismo, la trapisonda, la corrupción y la trampa, lo que lo hizo atractivo para que en su seno acogiera a personajes que, caminando a un paso del precipicio que bordea la ética, se vistieran de rojo como si ello automáticamente los convirtiera en poseedores de un ideario que terminó, como el famoso trapo, despedazado.

No es un asunto exclusivo, para consuelo de tontos, de esta región. El bipartidismo, que se repartió el poder por más de un siglo, recibió sentencia de muerte con la Constitución de 1991, al facilitar la participación mediante la creación de movimientos significativos de ciudadanos, que a la postre, produjeron la implosión de las organizaciones tradicionales que, en tres décadas, se fragmentaron en grupúsculos que llegaron a sumar, hasta el año anterior, casi cuarenta partidos políticos.

En el caso regional hay una conversación ausente: la falta de renovación real de liderazgos y de un discurso político que conecte con las nuevas generaciones de votantes. Por eso el auge -y caída también- de experimentos exóticos como la Liga de Gobernantes Anticorrupción, movimiento impulsado por un septuagenario, Rodolfo Hernández, que logró capitalizar buena parte del voto inconforme con la política local.

Ni una sílaba han dicho sobre este entierro de tercera quienes se arroparon bajo la bandera del Partido Liberal. En política lo importante no es solo cómo se llega, también cómo se va.


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