¿Por qué no hay una “epidemia de soledad femenina”?
Últimamente se habla mucho de la “epidemia de soledad” de los hombres. La expresión se refiere al creciente número de hombres que se sienten solos por estar involuntariamente solteros.
Es cierto que las mujeres están posponiendo, rechazando o dejando el matrimonio en números cada vez más altos, especialmente si tienen independencia económica.
Sin embargo, cuando se les pregunta, la mayoría afirma que sí quiere una pareja, pero busca relaciones que ofrezcan: 1) autonomía y crecimiento personal, 2) equidad en la distribución del cuidado, 3) y responsabilidad y conexión emocional, características que dicen no encontrar.
Estas respuestas contrastan con las de hace unas décadas, cuando el matrimonio estaba asociado con la protección y la estabilidad económica y social que un hombre supuestamente garantizaba, y que las mujeres no podían alcanzar por sí mismas.
Con los avances en equidad de género, el matrimonio pasó de ser una necesidad a una elección.
Por eso, el principal rival de los hombres hoy no son otros hombres, sino la vida que cada vez más mujeres pueden darse a sí mismas: vidas con independencia económica, redes de apoyo fuertes, más tiempo para viajar o desarrollar intereses propios y, también, menos violencia de género.
Así, aunque las mujeres están tan solteras como los hombres, no se sienten igual de solas.
La diferencia está en que la soltería, para los hombres, con frecuencia se traduce en aislamiento, depresión, mayor riesgo de suicidio y muertes asociadas al abuso de sustancias, o en una radicalización que culpa a otros por su situación.
Las mujeres, en cambio, crean redes fuertes entre ellas, y diversifican sus fuentes de apoyo emocional, lo que les permite no solo “sobrellevar” la soltería, sino florecer en ella.
El contraste nos recuerda que, así como tener una pareja no implica una (buena) compañía, su ausencia tampoco conlleva soledad e insatisfacción.
Por eso, la “cura” de la “epidemia” no está en regresar a relaciones que, muchas veces, eran desventajosas para las mujeres, sino en los vínculos más honestos, equitativos, cuidadores y auténticos que todos construyamos con nosotros mismos y con los demás, sean o no de pareja.
