Corrupción electoral y régimen del 91

Las elecciones del pasado domingo dejaron claro que las prácticas corruptas que durante años han dominado los comicios legislativos siguen vigentes. Los hechos evidencian que en este aspecto, como en otros, tampoco hubo un cambio y, al contrario, se afianzó el clientelismo electoral, que tanto la academia como la opinión pública reconocen como parte estructural del régimen de la Constitución de 1991.

Para la muestra está el caso de Wadith Manzur, el congresista conservador capturado a pocos días de haber sido reelegido con una gran votación gracias a ser uno de los consentidos del Gobierno del presidente Petro. Este asunto, en el que también está involucrada la representante por la circunscripción especial de paz de Arauca, Karen Manrique, ilustra a la perfección en qué consiste el régimen político que gobierna a Colombia y del cual hacen parte los diferentes partidos políticos que integran el Congreso de la República. Veamos.

Manzur integra dos importantes células legislativas, la Comisión de Crédito Público, responsable de aprobar los cupos de deuda pública para el Gobierno nacional y la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, encargada de investigar y juzgar al presidente de la República y a otros altos dignatarios. Por aprobar más cupo de deuda pública que deberá pagarse con más impuestos y garantizarles la impunidad a altos funcionarios, el congresista Manzur cobró duro por sus votos.

Según la ponencia de la Corte Suprema de Justicia, Manzur ―junto a los otros congresistas― vendió su voto para aprobar los aumentos a la deuda pública a cambio de proyectos de infraestructura financiados con los recursos de la UNGRD, incluso inventándose las emergencias climáticas para poder hacer los desembolsos. Por fortuna, las denuncias periodísticas evitaron el robo, pero el escándalo ya tiene a varios implicados en la cárcel, entre ellos dos exministros de Petro.

El anterior es el modus operandi del régimen político que utiliza la corrupción tanto para hacerse elegir, como para ejercer sus funciones una vez han sido elegidos. Cabe aclarar que aunque es cierto que existen figuras de opinión que se ganan sus votos en franca lid, la regla general en todos los partidos y regiones es la del clientelismo electoral.

La corrupción no es un fenómeno adjetivo en las elecciones, hace parte integral del régimen de 1991. Las fuerzas políticas que constituyeron dicho régimen (Liberales, Conservadores y AD-M19) siguen vigentes y aunque a estas se han sumado nuevas marcas, mantienen las grandes coincidencias que los unieron en el ‘91, y que hoy se expresan en mantener la relación neocolonial con Estados Unidos, no terminar el pésimo negocio del TLC y continuar privilegiando la inversión extranjera por encima del trabajo y la producción de nuestro país.


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