El desafío de representar a Santander |
En la columna del pasado diez de febrero advertí sobre el peligro del analfabetismo político y alenté a los santandereanos a participar de manera consciente en las elecciones legislativas del próximo 8 de marzo. Elegir bien es asumir un compromiso activo con la construcción del territorio, ejercer control político y exigir planeación, responsabilidad fiscal y respuestas técnicas a los problemas cotidianos que afectan a la ciudadanía.
Sin embargo, la baja participación no puede atribuirse exclusivamente al ciudadano. La abstención es también el reflejo de una crisis de confianza en la democracia y en sus instituciones. La clase política no es ajena a esta realidad. El debate público, que debería girar en torno a ideas y argumentos, se ha degradado a la descalificación personal y a la caricaturización. Las redes sociales y la inteligencia artificial han convertido el diálogo en un monólogo amplificado por el algoritmo, dirigido a una muchedumbre pendiente de destruir y no de construir. Así, muchas campañas políticas terminan diseñadas para alimentar el ego de cada una de sus audiencias, y no para resolver problemas estructurales.
A pocas semanas de una contienda decisiva para el país, la percepción generalizada es preocupante. Incluso entre personas que siguen de cerca los pormenores de la política regional, se advierte una campaña débil en propuestas y limitada en rigor técnico. El último cuatrienio dejó una bancada santandereana con escasa incidencia en el Congreso. Si aspiramos a un departamento competitivo y preparado para los desafíos económicos y sociales que se avecinan, se requiere un liderazgo distinto.
Mientras algunos candidatos insisten en la anacrónica disputa entre “izquierda” y “derecha”, otros se enfrascan en violentas peleas personales o recurren a las maquinarias tradicionales. Mientras tanto, en el área metropolitana de Bucaramanga, donde se concentra la mayor parte del electorado, el voto de opinión exige soluciones concretas. La movilidad, eje del desarrollo territorial, enfrenta un sistema de transporte masivo en crisis, sin que se conozcan propuestas legislativas serias para su recuperación. Tampoco se escuchan planteamientos sólidos sobre la disminución del alto costo de vida metropolitano, la planeación urbana, la recuperación de la construcción de vivienda popular, la actualización de los planes de ordenamiento territorial o el fortalecimiento técnico del catastro como herramienta para garantizar impuestos prediales legales y justos, un problema que aqueja hoy a la mayoría de los santandereanos y sobre el cual muy pocos candidatos se han pronunciado.
La apatía política no se combate con ruido, sino con liderazgo responsable y conocimiento. Aún quedan semanas para que los candidatos conecten con la ciudadanía, presenten soluciones viables y demuestren que comprenden sus dolores. La democracia se fortalece cuando todos participamos, pero también cuando quienes aspiran a representarla asumen con rigor la tarea de ofrecer dirección y no simplemente discurso.