El verdadero adversario |
La más reciente encuesta dejó una advertencia, los números, bien leídos, dicen mucho más que quién sube o baja. La medición muestra el tamaño del reto y, sobre todo, el riesgo de equivocarnos de adversario.
Paloma Valencia es quien registra el crecimiento más notable, pasa del 4 % al 16 %, dando el mayor salto en la medición, sube doce puntos. Abelardo De La Espriella, por su parte, marca 21 %, y cae cinco puntos frente a la encuesta anterior. Y aunque en política uno más uno no siempre suma dos, al tratarse del mismo espectro es inevitable hacer el ejercicio: juntos tienen 37 %.
Ese 37 % es un poco más del resultado obtenido por Iván Cepeda, que sube de 34 % a 35 %. Un candidato que no está solo, Cepeda es el del petrismo, por tanto, con todo el respaldo burocrático y económico del gobierno. Entonces el resultado de Cepeda debe encender las alarmas.
A diez semanas de las elecciones, el mensaje es claro: el adversario no está entre quienes piensan parecido. Somos muchos los colombianos que no queremos que el actual rumbo continúe. Es decir, no somos enemigos; somos competidores dentro de un mismo propósito: recuperar el País.
Por eso, insistir, la sensatez no es una opción, es una obligación.
Bajar el tono no es debilidad, es inteligencia. Como bien lo ha dicho el expresidente Uribe, para vender la panela propia no hay que desacreditar la del vecino. La campaña no puede convertirse en una competencia de ataques que termine debilitando a quienes, inevitablemente, tendrán que encontrarse después.
Porque ese día llegará, la noche del 31 de mayo pasará, y al amanecer los que hoy compiten dentro del mismo sector estarán llamados a unirse en la segunda vuelta. No por conveniencia, sino por responsabilidad con Colombia.
Lo que está en juego es demasiado grande, un sistema de salud deteriorado, una inseguridad que se desbordó, recursos públicos que se diluyen en burocracia y decisiones inexplicables, como hacer una película de 8 mil millones de pesos, en la que actúa el mismo Petro. No podemos darnos el lujo de continuar ese camino.
Si olvidamos que el adversario real está al frente y no al lado, podemos terminar facilitando lo que decimos querer evitar. La división no solo debilita; también allana el camino para que continúe un proyecto político abiertamente contrario a los intereses del País.
Se puede competir con altura, aún hay tiempo para corregir, para diferenciarse sin destruir, para entender que la verdadera batalla es contra el neocomunismo.
Profundizar la división, puede facilitar que el país continúe en este desastre, con el agravante que Cepeda no es el bebedor, enamoradizo e indisciplinado Petro. ¡Que peligro!
Ojo, el verdadero adversario es Cepeda.