El palo no está para cucharas

Colombia atraviesa uno de esos momentos de la historia en los que equivocarse cuesta demasiado. Por eso, la elección presidencial que viene no puede asumirse como un concurso de simpatías, ni como una competencia de marketing político, frases virales o emociones pasajeras.

Lo que está en juego no es solamente quién llega a la Casa de Nariño; lo que realmente decidimos es quién toma las riendas de un país golpeado, dividido y desgastado institucionalmente. Votamos por quien tendrá la responsabilidad de conducir a más de 50 millones de colombianos en medio de una crisis de seguridad, de salud, de confianza y de estabilidad económica.

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