La indignación no es un argumento
Admiro el muralismo. Admiro a quienes convierten un muro gris en conversación, a quienes hacen del espacio urbano un lienzo que comunica, emociona y construye identidad. El arte callejero legítimo no pide permiso con palabras, lo gana con talento. Esa tradición merece respeto. Lo que no merece respeto es destruir lo ajeno y llamarlo arte.
Hay una línea. No siempre es fácil de identificar, pero existe. La cruzan quienes intervienen una obra ajena para imponer su mensaje sobre el trabajo de otro. La cruzan quienes cubren con aerosol lo que alguien construyó durante años de oficio y dedicación. Pero también la cruzan quienes pintan la fachada de una vivienda privada convencidos de que su........
