Sumar, no restar
Publicado por: Martha Elena Pinto
La Gran Consulta por Colombia dejó un resultado que va más allá de nombres propios: instaló una narrativa de convergencia en un país acostumbrado a la fragmentación. Durante meses se repetía que la única forma de competir con opciones consolidadas era la unión. Así, nueve liderazgos recogieron ese clamor y lo transformaron en un ejercicio democrático que no sólo fue legalmente vinculante, sino también éticamente respetado. Ese cumplimiento —apoyar al ganador— envía una señal de madurez política poco frecuente.
El mayor acierto de la consulta fue su carácter incluyente. No se trató de imponer una figura única, sino de exhibir un equipo con experiencia, diversidad ideológica y trayectorias sin tacha. En un contexto donde la política suele personalizarse en exceso, este formato mostró músculo colectivo. Además, logró algo clave: mover el eje del debate. Colombia venía atrapada en una polarización entre extremos, y esta consulta abrió espacio hacia el centro, donde históricamente se definen las elecciones.
Las coaliciones no son anomalías; son la regla en sistemas multipartidistas. Gobernar entre distintos no solo es posible, sino necesario. El verdadero escenario de esa convivencia será el Congreso y el gabinete, donde se materializan los acuerdos. Por eso, más que las diferencias, importa la capacidad de construir agendas comunes.
El resultado también deja lecciones estratégicas. Nadie gana sin el centro. Si Paloma logra imponerse sobre Abelardo, tendrá que ampliar el alcance de su mensaje. Y no será la única: tanto ella como Oviedo enfrentan el reto de enfatizar coincidencias si aspiran a crecer. En política, dos meses pueden redefinir todo, y la campaña tenderá a concentrarse en la figura presidencial, mientras la vicepresidencia pierde protagonismo.
Sin embargo, hay desafíos más profundos. El país cambió en términos de narrativa política. El discurso de lucha de clases del presidente Petro caló en una parte importante de la ciudadanía, que aún espera transformaciones prometidas. Ignorar ese fenómeno sería un error de los candidatos de oposición. Escuchar, comprender y responder con respeto será indispensable para disputar ese electorado.
A esto se suma un problema crítico: la soberanía territorial. En múltiples municipios, grupos criminales ejercen control de facto e intentan incidir en el voto. Aunque existe confianza en la institucionalidad electoral, estas presiones distorsionan la democracia y no pueden subestimarse.
Finalmente, si la oposición logra imponerse, enfrentará una fuerte resistencia legislativa del Pacto Histórico. En ese escenario, descalificar a toda la clase política es un error estratégico. La gobernabilidad requiere aliados, no enemigos gratuitos. La política, en esencia, exige diplomacia, prudencia y respeto por la diferencia. Porque, como lo demostró esta consulta, se trata de sumar, no restar.
Por: Martha Elena Pinto de de Hart
