“Le debo todo a este señor”

Hay historias que no empiezan con reflectores, sino con polvo en los botines y sueños que pesan más que cualquier marcador. La de Aldair Yesid Gutiérrez Toncel es una de esas. Una historia que no se cuenta con estadísticas frías, sino con los latidos de un acordeón en Valledupar, su ciudad natal. Latidos, con madrugones y con ese rumor silencioso que acompaña a los que se niegan a rendirse en las polvorientas canchas de barrio, donde la pelota no siempre rueda pareja y el arco a veces es un par de piedras mal puestas, Aldair comenzó a escribir su destino. Ahí, entre risas, raspaduras y partidos interminables, ‘Alda’ entendió que el fútbol no era solo un juego: era una forma de vivir, de resistir, de creer. Porque cuando el balón tocaba sus guayos, el mundo giraba de otra manera.

Mientras algunos soñaban, él entrenaba y viajaba a Barranquilla o a cualquier ciudad del país para insistir con una pasión que lleva en la sangre desde niño.........

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