Sed en la abundancia: El veneno que devolvemos al río

Santander es, por naturaleza, una galaxia hídrica. Sin embargo, nuestra geografía privilegiada esconde una contradicción ética que desmorona cualquier discurso de progreso: somos un departamento que consume vida y devuelve veneno. Si en la primera entrega usamos el Triángulo ético VRC para señalar el silencio del “no reporte”, hoy debemos usar la Verdad para confrontar un espejo incómodo: lo que hacemos con el agua después de que sale de nuestros grifos.

Tras el ‘apagón informativo’ denunciado, Santander registra un 88,5% de municipios sin reporte de calidad de agua. Este silencio administrativo es el primer peldaño de una Pirámide del Odio que invisibiliza el riesgo de 79.000........

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