No es el qué, es el cómo
El ser parte de una sociedad impone obligaciones que permiten que podamos convivir en paz, logrando la satisfacción de todas las necesidades humanas.
Esta convivencia implica deberes y derechos que deben desarrollarse en el marco societario en el cual convivimos, partiendo de la base de ser todos iguales, en esencia, aunque la vida social haya creado unas condiciones diferenciadoras de orden material, que hacen que algunos tengan más y mejores cosas que otros, generándose una estratificación social que en muchas ocasiones ha llegado a generar dificultes que logran alterar la vida comunitaria.
Hoy el desarrollo histórico lucha tratando de generar unas condiciones comunes, solo que cuando se va a la realidad aparecen muchos factores que hacen imposible, o por lo menos utópico, la existencia de un mundo feliz en donde todos seamos iguales, tanto física como espiritualmente.
En esencia se deben crear unas condiciones sociales que permitan a todos tener oportunidades de crecimiento común, para entonces precisar como factor social diferencial el empeño que cada uno de nosotros ponga por ser cada vez mejor en el entorno en el que nos toca vivir.
Por eso se dice: no le des pescado al hambriento enséñale a hacer las herramientas indispensables y también a pescar, con lo cual se crearán las condiciones necesarias para que éste pueda sobrevivir el resto de su vida.
Mientras esta posición no se comprenda y se aplique socialmente, existirán brechas sociales que nunca podremos zanjar, como nunca ha logrado hacerlo la humanidad salvo escasos ejemplos que nos permiten no ser acusados de generalizar.
En toda esta campaña electoral estamos cansados de oír el “qué” pero nunca el “cómo” convirtiéndose todo en palabrería hueca, cuando no falsa, buscando llegar a las emociones de los electores y tratando de hacer que éste no piense, pues si lo hace podría cambiar de criterio.
Miremos con cuidado lo que ofrecen los candidatos; no encontramos la razón por la cual este país no es capaz de salir del subdesarrollo social en que nos hemos mantenido; esto es tan cierto que cuando oímos hablar de honradez a quienes han sido condenados precisamente por carecer de ella y lo hacen de una manera tan convincente que si uno no los conociera les creería, nos espanta.
Nos preguntamos, cuál es la razón por la cual los candidatos que se muestran como líderes de las buenas costumbres, una vez elegidos terminan convirtiéndose en los mismos sinvergüenzas que ellos prometieron acabar.
Una persona honrada es aquella que no roba cuando tiene oportunidad de hacerlo, pues serlo cuando no se tiene la oportunidad no es honradez; basta solo cambiar las condiciones y aparece el real bandido que es.
