Antioquia, un ejemplo a seguir
Lo que está pasando en Antioquia debe ser una lección y un ejemplo que los departamentos deben aprender y seguir; lo que está sucediendo allí pone de manifiesto la fortaleza de una raza que tiene el coraje suficiente para enfrentar las discrepancias que los separan del gobierno centralista y totalitario que nos está agobiando a los colombianos de hoy.
Siempre hemos creído que nos han faltado pantalones suficientes para enfrentar el mal manejo de un país que lo está llevando a ese abismo que nos espera, si mantenemos la actitud pasiva y cobarde que hemos adoptado.
Sentimos lástima de pueblos como nuestro Santander, que se ha tildado de valiente y duele ver cómo se puede hacer con él lo que algunos quieren, sin que haya una respuesta enérgica, es más, sin que haya siquiera una protesta por lo que nos está sucediendo al final de la historia al habernos convertido en víctimas de esos que buscan solo lo suyo sin que lo demás les interese en absoluto.
Una prueba de ello es la actitud que hemos asumido frente a nuestra clase política, cuyos antecedentes resultan altamente sospechosos y que, llegados a donde quieren, se olvidan por completo del compromiso y terminan pasando sin pena ni gloria, sin que podamos decir, salvo honrosas excepciones, que solo fueron a pelechar a sus anchas de los beneficios del poder como lo hacen lo inútiles burócratas que ni hacen ni dejan hacer.
Ojalá los nuevos que llegan no los imiten, pues si cumplen, aunque sea una mínima parte de lo que prometieron para llegar, Santander comenzará a resurgir de ese olvido al que nos condujeron quienes han detentado el poder en los últimos años y que solo merecen el repudio, por su inutilidad manifiesta.
Antioquia es el ejemplo y no de hoy, ha sido de siempre; allí también, salvo excepciones, ha podido más el poder de sus gentes que el ansia de sus gobernantes y han sido capaces de hacer, por cuenta de la vaca, lo que el gobierno central les niega, aunque eso no sea justo con un pueblo trabajador y berraco que sí ha tenido el coraje y el valor que a otros nos ha faltado.
El país va rumbo al infierno comunista y si los votantes no hacemos lo que tenemos que hacer, que es salir todos al unísono, terminaremos viendo cómo el país se va destruyendo ante la cara bobalicona de quienes no han querido o podido entender la terrible amenaza que nos asedia.
Tener 14 candidatos presidenciales cuando hoy la unidad es la única forma de enfrentar la tragedia que se avecina, es una auténtica vergüenza disfrazada de democracia.
