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El viacrucis de los usuarios de buses urbanos

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Quien reside en Bucaramanga o en un municipio de su área metropolitana y no tiene medio propio de transporte, está condenado a movilizarse en bus urbano, lo que es un castigo indescriptible pues durante los últimos veinte años tal servicio ha sido ineficaz, de mala calidad, insuficiente, incómodo. No es justo que a los bumangueses se les proporcione tan deficiente servicio y los alcaldes que ha habido hayan tomado respecto de él, reiterativamente, medidas torpes, ineficaces.

Metrolínea colapsó por fallas estructurales, humanas, políticas y de otros órdenes y al desmoronarse, provocó la sobrepoblación de motocicletas que padecemos, parió el mototaxismo, los carros “piratas”, el transporte informal entre los municipios del área metropolitana y ene número de expresiones de informalidad y caos en la vida bumanguesa.

Ante el colapso de Metrolínea, los gobernantes de Bucaramanga tomaron la decisión “provisional” de que la ciudad volviera al sistema público urbano de transporte que teníamos en los años 70 del siglo XX, es decir, que regresáramos a usar el sistema de buses urbanos de la Bucaramanga de hace 50 años y condenó a sus usuarios a que diariamente tuvieran que transitar un viacrucis para movilizarse por la ciudad.

Y el castigo es a perpetuidad pues en Colombia no hay nada más duradero que lo que se implanta “mientras tanto”. En este país el vocablo “provisional” es sinónimo de “hasta el fin de los tiempos”. Así, el gobierno municipal condenó a los bumangueses a movilizarse en forma precaria, irregular, inapropiada, por los siglos de los siglos.

En el sistema de buses públicos urbanos que “resucitó” Metrolínea sobresalen grandes máculas: genera problemas viales pues sus conductores detienen la marcha en cualquier punto de una vía pública para recoger o dejar pasajeros, somete a sus pasajeros a largas esperas pues incumplen los horarios, en ellos los usuarios son víctimas de hurtos, vandalismo, inseguridad, suciedad, mala iluminación, falta de mantenimiento, mala calidad del servicio.

Pero eso no es todo. Es agudamente difícil movilizarse dentro de ellos, subir o bajar de tales buses es un inmenso riesgo para los mayores adultos, los niños, las mujeres embarazadas, las personas discapacitadas.

Como si lo anterior fuera poco, los “cadáveres” que quedan de las estaciones de Metrolínea son la cara más fea que tiene Bucaramanga. Su deterioro, el vandalismo que han sufrido, el abandono que padecen, las volvió esperpentos que demuestran que la ciudad ha tenido muy malos alcaldes a lo largo del siglo XXI.

Y el problema no tiene solución porque si en algo nos hemos equivocado reiterativamente los bumangueses durante las últimas décadas es en saber elegir a nuestros gobernantes.


© Vanguardia