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Referendo contra la destrucción

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15.02.2026

Sentir miedo hoy no es un acto de cobardía; es una reacción instintiva ante el desmoronamiento. Mirar hacia la Casa de Nariño ya no produce respeto, sino una opresión en el pecho. Estamos ante un Gobierno y una bancada del Pacto Histórico que no solo fallaron en su promesa de cambio, sino que han arrastrado la dignidad del país a una degradación que parece no tener fondo. Un gobierno que prometió la inclusión y a punta de odio profundizó la división. Desde la casa nos han roto como sociedad como nunca. Continuar por este camino ya no es un riesgo político, es una sentencia de destrucción.

La descripción de estos años es desoladora: el “primer anillo” del Palacio, ese círculo íntimo que juró transparencia, hoy es un desfile de imputados, investigados y prófugos. Hemos visto la corrupción elevada a su máxima potencia en el corazón mismo del poder. Que no nos vengan con el consuelo de los tontos diciendo que “antes también se robaba”. Esto no es una competencia de atletismo para ver quién saquea menos el erario; es una tragedia moral. No buscamos al “menos peor”, necesitamos votar por personas que hayan demostrado una honestidad inquebrantable, porque la ética no es un eslogan de campaña, es un valor que este gobierno desconoce.

Frente a este panorama, surge una luz de esperanza que debemos abrazar con fuerza: la Gran Consulta. Este es el punto de inflexión donde nos jugamos el alma del país. Lo que estamos viendo es un ejercicio valiente de despojo de egos; líderes que, pensando diferente, han tenido la grandeza de sentarse a dialogar. Es vital entender algo: aquí no estamos eligiendo presidente todavía, ni estamos renunciando a nuestro derecho de votar por otro candidato más adelante. No importa si después usted decide votar por Fajardo, por Abelardo o por el que gane la Gran Consulta; lo que importa hoy es que esta jornada es, en realidad, un referendo nacional contra la improvisación, la destrucción y la corrupción.

Este es solo un paso para llevar a la cima; acá no estamos eligiendo el presidente, pero si nos va mal, estamos pavimentando el triunfo de Cepeda y Roy. Es una demostración de poder puro. El objetivo es demostrar masivamente que somos más, llenar las urnas para que el país y el mundo vean que la mayoría no quiere el abismo, sino la construcción. Sabemos que el proceso ha tenido sus dificultades, pero estos líderes han mostrado que es posible llegar a acuerdos a pesar de ellas. Colombia necesita cambios, sí, pero quien llegue debe gobernar para todos. Esos cambios no se logran destruyendo, sino articulando a la empresa privada, la academia, la sociedad civil, la iglesia y a todos los sectores. Solo entre todos se construye.

Pero ojo, que en este camino no nos gane la confusión ni el cálculo errado. Que a nadie se le ocurra caer en la trampa de votar por Roy Barreras con la teoría de que es la única forma de ganarle a Cepeda. No se equivoquen. Votar por Roy bajo esa premisa es fortalecer la continuidad de la continuidad. Es simplemente cambiar de collar para seguir atados al mismo poste de descomposición. Ese camino solo garantiza que nada cambie y que la destrucción se institucionalice. La respuesta no está en el oportunismo de los mismos de siempre, sino en la votación masiva por la Consulta de centro y derecha. Salgamos a votar para mostrar que tenemos con qué recuperar el rumbo. Primero demostremos nuestra fuerza, luego elijamos el camino, pero hoy, el deber es la unidad frente al desastre.


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