El cuidado de un hijo no tiene género

¿Sabe usted quién debe quedarse con la licencia de maternidad o paternidad cuando una pareja de hombres tiene un hijo? La pregunta parece simple, pero no lo es.

La ley ha operado sobre la idea que el cuidado corresponde a la mujer. Por eso estructuró las licencias laborales bajo esa lógica: una licencia de maternidad más amplia para la madre y una de paternidad más corta para el padre. Era una forma de organizar el cuidado desde una norma asumida como natural.

El problema aparece cuando la realidad rompe ese esquema. ¿Qué ocurre cuando no hay una mujer en la ecuación? ¿Quién toma la licencia de maternidad? ¿Quién asume la licencia de paternidad? ¿Quién se encarga del cuidado en las primeras semanas de vida? La respuesta ya no puede venir de una costumbre, porque simplemente no encaja.

Esto es lo que sucede en parejas de hombres que son padres. No todos llegan a la paternidad por adopción; la realidad muestra otras formas de conformar familia que el derecho empieza a reconocer. En estos casos no hay un rol predeterminado ni una respuesta automática. Hay una decisión que debe construirse desde la corresponsabilidad.

Frente a esta realidad, el derecho ha comenzado a ajustarse. La Corte Constitucional, al revisar esta regulación, condicionó su alcance y permitió que, en el caso de parejas adoptantes, sean ellas quienes definan, de común acuerdo y por una sola vez, quién accede a la licencia de maternidad y quién a la de paternidad, sin que el género determine esa decisión.

Este cambio reconoce algo fundamental: que el cuidado no depende del sexo, sino del compromiso asumido dentro de la familia.

En la práctica, este avance permite distribuir de manera más equitativa las cargas de cuidado, visibiliza derechos que antes quedaban diluidos y abre la puerta a una comprensión más amplia de la familia. Ya no se trata de asignar funciones, sino de reconocer la valía de ciertas decisiones.

Las familias que no encajan en el modelo tradicional han puesto en evidencia situaciones que antes no eran consideradas y han impulsado respuestas jurídicas más acordes con la realidad. Gracias a ello, hoy es posible distribuir el cuidado.

Lo que antes era una estructura rígida empieza a transformarse en un esquema flexible, donde las licencias de maternidad y paternidad se convierten en herramientas al servicio de la familia.

Ahí es donde la pregunta inicial encuentra una respuesta. No se trata de definir quién debe cuidar, sino de reconocer que esa decisión corresponde a quienes asumen la crianza, en condiciones de igualdad.

Más que un cambio normativo, se trata de un avance en la forma de entender el cuidado, la familia y los derechos.


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