Una oportunidad perdida |
A raíz de la tragedia aérea ocurrida esta semana, en la que estuvo involucrado un avión Hércules C-130H donado por Estados Unidos en 2021, recordé una oportunidad perdida para el desarrollo de nuestra industria de defensa.
Los aviones Hércules C-130 fueron desarrollados en los años cincuenta por la multinacional estadounidense Lockheed Martin, y Colombia adquirió las primeras aeronaves de este tipo en los años sesenta. De acuerdo con un estudio realizado por la Empresa Brasileña de Aeronáutica (Embraer) en 2010, cerca de 700 aviones de transporte militar en 77 países estaban próximos a alcanzar el final de su vida útil. De ahí que esta compañía aspirara a copar ese nicho de mercado mediante la fabricación del KC-390, con el cual buscaba sustituir al Hércules estadounidense.
Eran los tiempos en que América del Sur, a diferencia de lo que ocurre hoy, impulsaba la integración regional a través de instituciones como UNASUR y el Consejo Suramericano de Defensa. En ese contexto, se abrieron paso proyectos de cooperación entre nuestras industrias de defensa, como el del KC-390, lo que llevó a que los gobiernos de Colombia y Brasil firmaran, en septiembre de 2010, un convenio mediante el cual nuestro país participaba en su fabricación. Según el entonces jefe de Operaciones Logísticas de la Fuerza Aérea Colombiana, mayor general Flavio Ulloa, esto representaba un importante impulso “al desarrollo de la Corporación de la Industria Aeronáutica Colombiana (CIAC)”.
No obstante, al igual que ocurrió con Chile durante el gobierno derechista de Sebastián Piñera, en el transcurso de la primera administración Santos —y pese al entusiasmo que este había mostrado frente al proyecto desde su etapa como ministro de Defensa—, Colombia se retiró, argumentando limitaciones presupuestales y la revisión de sus prioridades de inversión. El KC-390 Millennium de Embraer —un avión militar de transporte con mayor capacidad de carga, versatilidad, rapidez y eficiencia que el Hércules— comenzó a fabricarse en 2014 y, desde 2019, ha venido reemplazando a esta aeronave en la Fuerza Aérea Brasileña, así como en las fuerzas armadas de Corea del Sur, República Checa, Austria y Países Bajos.
Hoy, cuando la tragedia ocurrida en el Putumayo refuerza la decisión del gobierno —expresada desde el año pasado— de adquirir tres unidades de estos aviones para sustituir los viejos Hércules, es inevitable pensar que, por falta de visión estratégica de nuestros dirigentes, Colombia perdió una gran oportunidad: no solo de solventar sus necesidades en logística, carga y transporte de tropas, sino también de impulsar el desarrollo industrial nacional.