Feliz día del trabajador
Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un lomo encebollado con arrocito blanco graneado, rocoto y, para tomar, un refresco de maracuyá. “María, hoy se celebra el Día del Trabajo, así que la ocasión es perfecta para saludar a todos los hombres y mujeres de nuestro país, y por supuesto también a los ciudadanos extranjeros de bien, que día a día se esfuerzan para salir adelante por sus familias y por ellos mismos.
El Instituto Nacional de Estadística e Informática señala que más de 17 millones de personas trabajan. Un poco más de la mitad son varones y la otra parte mujeres.
Muchas mamitas crían a sus hijos solas, sin el apoyo de un hombre, por lo que deben duplicar esfuerzos para ocuparse del trabajo y de su familia. Esas mujeres merecen un reconocimiento especial, como también las mamitas que solo se encargan del hogar. No es tarea fácil hacerlo y, además, es una labor poco reconocida y hasta menospreciada. Si una señora dice que es ama de casa, aún hoy hay personas que la pueden mirar con desdén. El trabajo en la casa es duro, escasamente valorado y crucial para la formación de los hijos.
Tengo especial respeto por las personas que trabajan muy duro en tareas modestas, como los taxistas, conductores de buses, obreros, vendedores ambulantes, recicladores y muchísimos otros. Es que pese al tremendo sacrificio que hacen y a lo mal pagados que son, tienen la valentía para levantarse al día siguiente a seguir haciendo esas funciones que tal vez no les agreden mucho, pero que realizan con honestidad, sin cruzar la línea del mal.
Es tarea de los gobiernos y congresistas mejorar las condiciones laborales de muchísimos peruanos cuyos derechos no son respetados. El próximo gobierno debe atraer inversiones extranjeras porque crean más puestos de trabajo formales. No podemos seguir permitiendo que los malditos extorsionadores sigan asesinando a choferes, comerciantes y otros trabajadores por cupos. Eso se debe acabar”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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