Capital gansteril sobre América Latina: El golpe militar sobre Venezuela

El actual momento de crisis y transición intensifica la competencia a partir de los principales centros de mando y de concentración de capital. Esto ayuda a entender la urgencia de redefinir la hegemonía sobre áreas geográficas internas y externas. En tal perspectiva se disputa el aseguramiento de recursos minerales estratégicos, centros de mercado y zonas de retaguardia. Y en esa lucha se ponen en juego las grandes estrategias de los principales centros de mando del capital.

Una de las tesis fundamentales de Clausewitz es que la gran estrategia militar se modificó tras la Revolución Francesa cuando se pasó de los ejércitos dinásticos del antiguo régimen a ejércitos modernos. Los primeros eran formados, financiados y dirigidos por príncipes soberanos, de allí que fuesen limitados en tropas y capacidad de acción, siendo su estrategia la del asalto, esto es operaciones cortas. A diferencia, los ejércitos modernos se entienden como una expresión de la nación, constituyendo el vínculo entre gobierno y el pueblo (en realidad la burguesía), con lo cual podrían dotarse de mayores recursos, facultándose para actuar en escenarios más amplios, pudiendo combinar estrategias de defensa y asalto. Así que podemos considerar ese contraste, como símil, para abordar la diferencia que existe en el movimiento de acumulación de capital entre sus dos formas más desarrolladas: la del capitalismo de EEUU y China, esto a fin de mostrar las preocupaciones y los alarmantes cambios de estrategia que está implementando la plutocracia norteamericana.

En este caso, la forma de los ejércitos dinásticos se puede relacionar al poder que ejerce la plutocracia occidental en cabeza del capital de los EEUU. Su poder se basa en la propiedad individual que resulta de la empresa social por acciones, dando lugar a la interacción jerarquizada entre los fondos de inversión, las grandes corporaciones mundiales y las demás empresas productivas. Sin embargo, ese poder debe trasegar las zonas pantanosas de la institucionalidad democrática, de allí que el engranaje entre gremios empresariales, partidos, el Congreso, el ejecutivo y el Banco Central tienda a ser reducido a un “fangal” en el que el ejercicio del poder limita la movilización unísona de todos los recursos de una nación. En este sentido, las instituciones que implica la democracia burguesa se le presenta a esta plutocracia como una limitante que debe ser eliminada, condición limite que evidencia su desespero.

A diferencia, en China rige la empresa social, pero de tipo estatal, de modo que el funcionamiento de su institucionalidad se puede asimilar a lo que Clausewitz describe como ejércitos nacionales. Allí, los objetivos estratégicos los regula el Partido Comunista, por medio de la Asamblea Nacional de “todo el pueblo. Una vez definidos los objetivos, estos se traducen en líneas de mando hacia abajo, logrando la interacción de los recursos de toda la nación (privados y públicos) al vincular partido-Estado, fondos de inversión, corporaciones y empresas de producción directa, incluyéndose un férreo control sobre los trabajadores[1]. Sobre esas condiciones se enfrenta la competencia capitalista mundial, regida por la ley del valor.

Así, la propiedad social accionarial característica del capitalismo de los EEUU se parece a los ejércitos dinásticos, en la medida que inicialmente no tiene todas las condiciones para movilizar en forma unificada todos los recursos de una nación, a menos que logren una hegemonía realmente sólida. Mientras la propiedad social de tipo estatal, aun característica del capitalismo chino, se asimila al ejército moderno que puede desarrollar una guerra de “todo el pueblo”, bajo la dirección unificada de la élite en el Partido. Esta forma característica de centralización de capital y sus correspondientes formas de poder institucional se traducen en diferenciales de productividad que se han tornado muy sensibles en medio del proceso de crisis y transición que vive el mundo capitalista, de allí que las ventajas competitivas del capital chino le permitan una proyección mundial sustentada en los flujos de capital, mientras las limitaciones estructurales del capital occidental tienden a ser compensadas por medio de la fuerza, incluida la militar, a fin de insuflarle una cuota de juventud a su viejo orden capitalista, de aquí su evidente forma gansteril.

Pero hay algo común, en el sentido de que el capital muestra su rostro autocrático a fin de sostenerse en medio de las agudizadas condiciones de competencia, peso que cae con toda su crudeza sobre el proletariado.

Vale tener presente que la institucionalidad capitalista se reconfiguró tras el fin de la Segunda Guerra mundial (UN, OTAN, FMI, BM, dólar) al consolidarse como centro capitalista los EEUU, punto desde el cual se libró la batalla contra la URSS. En forma seguida se impuso la ideología neoliberal, tras el inicio del periodo de crisis en los años setenta, pregonando el libre comercio como medio para implementar las relaciones de cooperación internacionales. Tal ideología descansó en el falso diagnóstico de que el capital norteamericano contaba con suficientes ventajas competitivas para dominar a sus rivales sobre la base de la competencia, pues ya presentaba serias limitaciones, como antes se señaló. Esa realidad fue evidenciada por el avance competitivo del capital alemán y luego por el japonés (en los ochenta y noventa), que resultó fácil de controlar debido al sometimiento militar y político que se les había impuesto a sus Estados, desde el fin de la Segunda Guerra. A diferencia, ese andamiaje de la institucionalidad mundial se ha mostrado insuficiente para contener y someter el empuje competitivo del capital chino.

En consecuencia, la élite empresarial de los EEUU, al menos en cabeza de Trump, procura establecer un reordenamiento mundial similar al que rigió en el periodo de la Guerra Fría, recreando las condiciones de rivalidad entre polos, a fin de poder movilizar todos sus recursos en una batalla que juzgan existencial[2]. Nacionalismo, proteccionismo, doctrina del enemigo interno, acuerdos bilaterales condicionados, dominio sobre las américas (Doctrina Monroe), guerra de baja intensidad y rivalidad abierta contra el polo oponente fueron las características ideológicas y políticas bajo las cuales el capital de los EEUU prosperó y se extendió por el mundo “occidental”. En tal sentido, da un paso al costado frente a política globalista y al ejercicio de hegemonía unipolar, en tanto les implicó crecientes gastos militares para sostener las cerca de mil bases militares y las innumerables guerras que para nada generaron estabilidad en los territorios intervenidos (Irak, Libia, Siria, Afganistán). Por tanto, se pretende un nuevo estilo de mando, centrado en el área definida como más occidental, “las américas”, que es concebido como bastión estratégico y retaguardia desde la cual se pretende imponer hacia las demás áreas del mundo un ordenamiento jerarquizado, pero regido por “delegaturas” regionales bajo su tutelaje.

En esa dirección, la consigna de hacer de nuevo grande a América requiere de una gran masa de capital en el propósito de insuflarla juventud y relanzar las capacidades competitivas del capital de los EEUU, para plantarle cara al pujante capital chino. Por esto, Trump ha desechado el discurso neoliberal[3], abiertamente disfuncional desde 2008, y en su lugar ha puesto el proteccionismo y los “acuerdos bilaterales” de tipo gansteril. En tal propósito viene sacando muy buena ventaja de su posición de principal consumidor en el mundo, la que ha usado para imponer ventajosos aranceles a la mayoría de socios comerciales, política que podría dejar unos 125 mil millones de dólares en 2025 al fisco de los EEUU, y cerca de tres billones en una década, recursos que amortiguan la reducción de impuestos a los grandes capitales de ese país. Más importantes resultan los gansteriles compromisos de inversión externa dentro de los EEUU, que supera los 2,7 billones de dólares, al menos en anuncios, en lo que podría significar un movimiento de regreso del capital hacia ese país[4], cifra que multiplica en varias veces la actual........

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