Vacunas caducadas: qué riesgos existen y cuáles no

El término “caducado” se asocia de forma inmediata con peligro. En la vida cotidiana, consumir un producto fuera de fecha puede implicar un riesgo, y es lógico que esta idea se traslade a las vacunas. Sin embargo, en el ámbito sanitario no siempre significa lo mismo. Aunque se usan de forma preventiva, las vacunas son también fármacos y, como tales, cuentan con una fecha de caducidad. Pero ¿qué pasa si se administra una inmunización caducada?

No todas las vacunas funcionan igual ni se diseñan de la misma forma: buscan el mismo objetivo –entrenar al sistema inmunitario para reconocer a un patógeno y responder con rapidez si entra en contacto con él–, pero no lo consiguen de la misma manera.

Existen varias estrategias para enseñar a nuestras defensas sin causar la enfermedad, diferencias que son importantes para entender su estabilidad y su conservación.

¿Cómo se diseñan las vacunas?

Algunas vacunas utilizan versiones debilitadas del microorganismo y generan una respuesta muy completa. Otras emplean patógenos inactivados o fragmentos que no pueden replicarse, pero que siguen siendo reconocidos por nuestro cuerpo.

Además, en los últimos años se han desarrollado variedades basadas en material genético, como las de ARN y ADN. Estas no contienen el microorganismo, sino que aportan instrucciones para que nuestras células produzcan una parte de él. Así se activa la respuesta inmunitaria.

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