A mi hijo le han diagnosticado a la vez autismo y epilepsia: ¿cómo gestionar el estrés que genera?

Son las tres de la madrugada y el niño duerme a ratos. Su madre, no. No es insomnio, es anticipación: la posibilidad de una crisis epiléptica, la incertidumbre sobre cómo será el día siguiente en el colegio, la sensación constante de tener que estar disponible para lo que pueda pasar. Mientras tanto, intenta sostener algo que no aparece en ningún informe clínico: el equilibrio emocional de toda la familia.

Llevamos años hablando de diagnósticos, síntomas y la urgencia de una intervención temprana. Sin embargo, no suele contarse con la misma claridad qué ocurre cuando los diagnósticos no llegan solos. Porque a veces se acumulan, y cuando lo hacen, no solo cambia la vida del niño, cambia la de toda la familia.

Cuando los diagnósticos no llegan solos

El autismo y la epilepsia, por separado, ya implican retos importantes. El primero afecta a la comunicación social y a la forma de interactuar con el entorno, mientras que la epilepsia introduce la imprevisibilidad de las crisis y la necesidad de supervisión constante. Cuando ambas condiciones coinciden, la vida cotidiana deja de ser simplemente exigente y se vuelve incierta: hay que atender lo educativo, lo conductual y lo........

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