Las espinacas de Popeye para tratar el síndrome del ojo seco |
Los que fuimos niños en los años 60, 70 u 80 todavía pudimos disfrutar de los dibujos animados de Popeye el marino (y su mujer Olivia, y su hijo Popeye Jr., y el enorme Bluto o Brutus…). Aún recuerdo la cancioncilla que daba la entrada a cada una de sus peripecias: “Popeye el marino soy…”.
Popeye era, efectivamente, un marino musculoso que solucionaba todos sus problemas a puñetazos gracias al superpoder que le conferían las espinacas, asociadas a un alto contenido en hierro debido a un fallo de imprenta en una publicación que tardó muchos años en descubrirse. En realidad, la presencia de hierro en esta verdura es más bien modesta y existen otros alimentos (legumbres, brócoli, semillas de calabaza, marisco, hígado…) que contienen mucho más.
Pero la asociación quedó en la memoria de varias generaciones y todavía persiste en la mente de mucha gente.
Las espinacas vuelven a acaparar el protagonismo
El pasado 15 de mayo se publicó un artículo en la revista Cell que vuelve a aupar las espinacas al Olimpo. Unos investigadores de Singapur y China se han marcado “un buen Margulis”. Con esta expresión aludo al sensacional hallazgo de la bióloga estadounidense Lynn Margulis, quien propuso que las células eucariotas –las que conforman a los animales, las plantas y los hongos– se originaron a partir de la fusión y simbiosis de varias células procariotas. Estas últimas –el grupo al que pertenecen las bacterias– aportaron el núcleo, las mitocondrias y los cloroplastos, entre otros orgánulos.
Pues bien, los científicos se han propuesto trasladar cloroplastos –que hacen posible la fotosíntesis........