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Logan lo quiere todo: La fórmula del único constituyente electo independiente y fuera de listas

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08.07.2021

Rodrigo Logan (41) dice que desde muy niño persigue dos sueños. Dice también que nunca tuvo problemas en expresarlos: el primero, era convertirse en un hombre millonario; y el segundo, ser Presidente de la República.

Nacido en Quinta Normal en 1980, hijo de Enzo Logan, un vendedor de zapatos y Margarita Soto, una empleada de La Polar, creció en esa comuna hasta que tuvo cinco años. Luego sus padres lograron adquirir, mediante subsidio, una casa en Recoleta, comuna de la cual no se ha movido.


“Recuerdo que llegué a los cinco años. Me acuerdo perfecto porque fue el día del terremoto del 85, ese mismo día llegué a Recoleta. Nos entregaron la casa, yo estaba en Quinta Normal con mi familia: los Soto, cuando mi mamá y papá estaban recibiendo la casa en Recoleta”, cuenta Logan.

El hogar estaba en la Villa Los Reyes, en Recoleta con Zapadores. Allí Logan comenzó a construir su vida. Estudió parte de su enseñanza básica en el Liceo Avenida Recoleta e hizo de los pasajes y callejones de la comuna su propio entorno, donde jugaba a la pelota y callejeaba con amigos.

Cuando tenía nueve años -dice Logan- sus padres se separaron. Desde aquel momento comenzó a colaborar en la casa. “Trabajo desde muy niño, trabajé en las ferias en La Vega, cortando el pasto, barriendo calles, de todo. Había que ayudar en la casa. Yo siempre ayudo, soy de los que hago almuerzo, lavo, plancho, hago el aseo”, comenta.

Su estadía en el colegio de Recoleta fue breve: en quinto básico, sus padres decidieron matricularlo en el colegio José Victorino Lastarria. Allí sus dos sueños comenzaron a proyectarse. Entendió que una buena manera de poder conseguirlos era estudiando luego derecho en la Universidad de Chile.

“Me gustaba la Universidad de Chile porque muchos Presidentes de la República salieron de ahí. En ese entonces eran como 19 de 26. Además me gustaba la visión pluralista y laica que tiene la Universidad de Chile”, señala Logan.

Cuando estaba en tercero medio, empezó a perseguir su sueño con obsesión. Comenzó a asistir de oyente a las cátedras que se daban en la Chile. “Les pedía permiso a los profesores para entrar. Asistí a muchas clases. Habían algunos que me echaban, otros que fueron buena onda, pero ése era el grado de compromiso que yo tenía para estudiar en la Chile”.

Pese a sus anhelos de estudiar Derecho en la Chile, al salir de cuarto medio en 1997 estos no se cumplieron. No le alcanzó el puntaje. “Siempre dicen que para estudiar Derecho tienes que tener un 6 de promedio de NEM, y yo tenía un 5.1… El gran problema es que como aprendo rápido, me aburro rápido también. Soy hiperactivo, me pongo a conversar, entonces uf… me echaban siempre de clases”, cuenta.

Pensó en irse a estudiar a Valparaíso, pero rápidamente desistió. “Fui con mi papá a Valparaíso a ver dónde me iba a quedar. Vi el ambiente y le dije que no, porque pensé que el carrete me podía pescar, cachai. Además pensé en la soledad, si soy súper mamón”.

Rodrigo Logan finalmente optó por inscribirse en un preuniversitario y volver a intentar entrar a la universidad de sus sueños. Comenzó a trabajar en un minimarket en Recoleta, dice, para poder financiarlo. “Me puse a trabajar más duro, me acuerdo que me compré una bicicleta para no gastar en micro y me iba al preuniversitario del Pedro de Valdivia ahí en Agustinas”.

Finalmente entró a Derecho en la Universidad de Chile. “Di la prueba, me fue súper bien. Eran 325 cupos y yo quedé en el número 323”, recuerda Logan.

¿Entrar a la Chile te ayudó a acercarte a cumplir esos dos sueños?

-Al menos uno; no me ha ido nada mal.

Una vez que entró a la universidad, Rodrigo Logan, quien ya era conocido por algunos estudiantes por haber asistido de oyente, se hizo notar. Era uno de los pocos que iba a todas las clases de traje y corbata. También, asegura, era reacio a las fiestas, lo que provocaba las burlas de sus compañeros.

“Yo iba de terno. Y siempre me molestaban por eso, me decían: ‘¿pero por qué venís de terno?’, y yo decía ‘porque quiero ser abogado y los abogados se visten como abogados, hablan como abogados, y parecen abogados. Si no, no son abogados”.

-¿Te palanqueaban mucho?

-No. Pero el palanqueo que me hacían a mí es que yo desde primero a quinto me gané el premio de limón.

-¿Y qué significa ese premio?

-El más ácido, po. Porque para mis compañeros yo siempre era el caga onda. Si alguien decía “ya, hoy día juega Chile”; yo le decía “oye, pero mañana hay prueba” ¿Cachai? Entonces me decían “vamos a carretear”; y yo decía “oye, si mañana hay prueba”. Como yo no me dejo llevar por la masa, si todos los demás dicen vamos yo digo que no. No voy no más.

¿Y esa apatía por las celebraciones se mantuvo?

-Sí, yo soy muy apático para algunas cosas. Y en los temas que tienen que ver con control de masas, yo siempre me salgo. Todo lo que tenga que ser colectivo, en lo cual yo sienta que me están quitando libertad, yo me salgo. Siempre. Nunca vas a encontrar que yo haga cosas por efecto estadio. No. Entonces cuando dicen “oh, vamos a ver el partido de Chile”, más o menos como “dejemos todo botado”, yo me alejo.

-¿No lo disfrutas?

-Yo no soy bueno para los partidos, ni para las festividades. Soy bien fome, no me........

© The Clinic


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