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¿Hasta dónde puede llegar la amistad entre dos mujeres?: La historia de una demanda por maternidad desde el amor

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26.07.2021

Carolina Muñoz conoció a Sonia Araya cuando ambas tenían 14 años y estudiaban en el mismo curso en el Instituto Politécnico Arcángel de las Hijas de María Auxiliadora, en San Miguel. La amistad adolescente se fortaleció con el paso de los años. Las dos se hicieron inseparables. “Cómplices de aventuras y confidentes de nuestros secretos”, según describiría la relación, años más tarde, la propia Carolina.

Al salir del colegio, ambas entraron a universidades distintas, pero se siguieron juntando cada semana. En ese período incluso vivieron juntas: Carolina fue recibida en el hogar de su amiga, quien convivía con su marido y la hija de ambos.

Vivieron juntas hasta el 2007, cuando Carolina conoció a su pareja, Mario Acosta, con quien se fue a vivir y con quien se casaría tres años más tarde. Sonia y su marido fueron los testigos y padrinos de la ceremonia y, también, los principales confidentes de la pareja que durante años intentó infructuosamente poder tener un hijo.

La situación para Carolina y su marido se complicó aún más en 2011. Ella tenía 27 años cuando le detectaron un tumor en el colon y el recto. Sonia acompañó fielmente a su amiga en cada sesión de quimioterapia y radioterapia. También en un doloroso procedimiento en el cual le extirparon su útero y ovarios. “El cáncer me quitó para siempre la posibilidad de tener hijos de forma biológica”, afirmaría Carolina años más tarde.

Luego del procedimiento, la salud de Carolina Muñoz fue mejorando, pero una pena negra la acompañó a ella y a su pareja por la imposibilidad de tener hijos biológicamente. Ambos sentían que “merecían esa felicidad”, por lo mismo acudieron a distintas organizaciones para poder adoptar a un niño. La pareja participó de charlas, reunió información y juntó el dinero para poder completar el proceso. Sin embargo, al pasar a la fase de evaluación psicológica, se enteraron que, por protocolos tanto del Sename como de las distintas fundaciones, no podían adoptar a un niño hasta luego de cinco años de superado el cáncer.

La noticia era un balde de agua fría, ya que la espera de cinco años significaba que la pareja dejaría de ser idónea para participar en un nuevo proceso, puesto que Mario ya no cumpliría con los requisitos de edad máxima. Tras una nueva decepción, él y Carolina comenzaron a asumir con tristeza y por segunda vez que no podrían ser padres.

Fue entonces cuando la fiel amistad de Sonia abrió nuevamente las esperanzas a la pareja. El 2014, ella le propuso a sus compadres la posibilidad de la maternidad subrogada, poniendo su cuerpo a disposición para la maternidad de su mejor amiga.

“Me dijo que quería iniciar un procedimiento donde utilizáramos un óvulo de una mujer donante, fecundado por el material genético de Mario y lo implantáramos en su útero para que de esa forma pudiéramos ser padres”, relataría años más tarde Carolina.

La fiel amistad de Sonia abrió nuevamente las esperanzas a la pareja. El 2014, ella le propuso a sus compadres la posibilidad de la maternidad subrogada, poniendo su cuerpo a disposición para la maternidad de su mejor amiga.

En el 2014 la información con respecto a dicho procedimiento era muy escasa. Tanto Carolina como Mario estaban incrédulos de que fuese una........

© The Clinic


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