El próximo sábado 4 de septiembre votaré “Apruebo” en el plebiscito de salida. Lo haré sin esperanza alguna. Lo haré justamente contra la esperanza, para que se acabe justo el ciclo de esperanza, y sus consecuentes desengaños, que nos ha llevado finalmente a elegir entre dos opciones casi igualmente imposibles.

Lo que animó el largo proceso de marchas y movilizaciones que empezó el 2006 y terminó junto con la llegada de la Convención, fue justo la esperanza. La bella, la noble, la torpe esperanza que bastaba para terminar con la desigualdad sempiterna que nos persigue desde que somos país: sólo arreglar la educación, primero; la condición de la mujer, después; y la Constitución, finalmente.

La Nueva Constitución es la síntesis de todos los sueños que hemos soñado todos estos años. Puede ser por eso mismo nuestro mejor despertador. Escrita en estado de delirio, ésta es una Constitución psicodélica, que se olvida del sistema electoral pero no olvida de llamar “maritorios” a nuestros mares. Una Constitución que le da derechos a la naturaleza y se los quita a los partidos políticos. Una Constitución que se preocupó con esmero de proteger el derecho a los “cielos nocturnos”, pero no define del todo las atribuciones de las regiones o de los pueblos originarios que pueden, en una interpretación, ser omnipotentes y, en otro, puramente decorativos.

La Nueva Constitución es la síntesis de todos los sueños que hemos soñado todos estos años. Puede ser por eso mismo nuestro mejor despertador. Escrita en estado de delirio, ésta es una Constitución psicodélica, que se olvida del sistema electoral pero no olvida de llamar “maritorios” a nuestros mares. Una Constitución que le da derechos a la naturaleza y se los quita a los partidos políticos”.

¿Por qué voy a aprobar entonces un proyecto que no salió bien? Quizás por eso mismo, porque no salió bien y nos obliga a enfrentar a los que somos de izquierda, la total complejidad de ese fracaso. Porque no hay manera que sea un éxito pasar del 70 por ciento a algo entre el 45 y el 52. Un fracaso que por primera vez no podemos echarle la culpa a los poderes fácticos. Un fracaso en que estuvimos casi solo acabando con las mismas esperanzas que nos hicieron ver oasis donde sólo había desiertos.

Prefiero ser parte de ese fracaso que de un éxito donde no tengo lugar. Prefiero los derechos que la Constitución consagra mal que la Constitución del 80, escrita de espalda a esos derechos. Me resulta finalmente una venganza suficiente que Carolina Tohá haya tenido que explicar los despropósitos de Baradit y Stingo. Que esos winner de nacimiento sean sinónimo de derrota me parece suficiente castigo.

Yo por mi parte prefiero mil veces los Rojas Vade conocidos que los por conocer, porque Rojas Vade mentía diciendo una verdad innegable, que la salud en Chile sigue siendo un sucio negocio. Los Rojas Vade del mañana son los Parisi y los Lorenzini y los Gonzalo De La Carrera de hoy: estafadores que te engañan haciéndote creer que serás parte de ese negocio en que ganan siempre ellos y sólo ellos.

Yo por mi parte prefiero mil veces los Rojas Vade conocidos que los por conocer, porque Rojas Vade mentía diciendo una verdad innegable, que la salud en Chile sigue siendo un sucio negocio. Los Rojas Vade del mañana son los Parisi y los Lorenzini y los Gonzalo De La Carrera de hoy: estafadores que te engañan haciéndote creer que serás parte de ese negocio en que ganan siempre ellos y sólo ellos”.

La Nueva Constitución es fruto de una decadencia política e intelectual que empezó mucho antes de su redacción. Es cosa de recordar los retiros para no mirar con demasiada confianza la idea de que el Congreso Nacional sea de nuevo el árbitro del proceso constituyente. No hay prueba alguna que una nueva Asamblea Constituyente no contenga el mismo número de iluminados, mentirosos patológicos y almas en pena que la anterior. Seguro que serán de signo político contrario que el anterior y usarán su lugar en la testera para vengarse de los golpes que de manera estúpida la primera Convención les infligió. Muchas de las buenas ideas del proyecto actual seguramente se quedarán. Pero también lo harán muchas de las peores. Se agregarán otras tan malas como las anteriores. Más y más frases hechas e ilusiones deshechas en un proceso de infinita descomposición que terminará con la paciencia de los que aún creemos que la peor democracia es siempre mejor que la más virtuosa dictadura.

Es ése y no otro el peligro que enfrentamos en Chile: el fin de la democracia. Hemos coqueteado desde 2019 con el fantasma mismo del golpe de estado y su hermano gemelo, la insurrección popular. La democracia es frágil, lo es más aun en nuestro continente. Tenemos un presidente que tiene un programa de gobierno que creo tiene que llevar a cabo, porque es un buen presidente y un buen programa de gobierno. Creo que el núcleo de reformas estructurales que transformarán a Chile a un Estado Social de Derechos merece una oportunidad que el Rechazo no puede darle.

Creo que el núcleo de reformas estructurales que transformarán a Chile a un Estado Social de Derechos merece una oportunidad que el Rechazo no puede darle (…). Soy demasiado viejo para abrigar la ilusión que de uno vota por lo que más le gusta. Voto aquí por el mal menor”.

Soy demasiado viejo para abrigar la ilusión que de uno vota por lo que más le gusta. Voto aquí por el mal menor. El que no vota con miedo, no entiende lo que está votando. Voto lo que mis abuelos votarían, un largo y sinuoso camino hacia un país libre de la herida de la encomienda y la pulpería. Voto por esa estrecha posibilidad de revolución sin revolución, o revolución en libertad si les gusta más, que se llamó reforma agraria, nacionalización del cobre y planificación familiar y también Auge y CONADI y gratuidad universitaria. Esas transformaciones aún por completar están en el alma de esta Nueva Constitución, aunque convivan con sus propios demonios. Pero esos demonios creo que son mejores enfrentarlos a plena luz del día que seguir en la queja y la denuncia eterna. Es hora de terminar con la espiral sin fin del deseo siempre insatisfecho y despertar del sueño y mirarnos a la cara para enfrentar unidos y renovados un nuevo día.

QOSHE - Apruebo sin esperanza - Rafael Gumucio
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Apruebo sin esperanza

7 15 31
24.08.2022

El próximo sábado 4 de septiembre votaré “Apruebo” en el plebiscito de salida. Lo haré sin esperanza alguna. Lo haré justamente contra la esperanza, para que se acabe justo el ciclo de esperanza, y sus consecuentes desengaños, que nos ha llevado finalmente a elegir entre dos opciones casi igualmente imposibles.

Lo que animó el largo proceso de marchas y movilizaciones que empezó el 2006 y terminó junto con la llegada de la Convención, fue justo la esperanza. La bella, la noble, la torpe esperanza que bastaba para terminar con la desigualdad sempiterna que nos persigue desde que somos país: sólo arreglar la educación, primero; la condición de la mujer, después; y la Constitución, finalmente.

La Nueva Constitución es la síntesis de todos los sueños que hemos soñado todos estos años. Puede ser por eso mismo nuestro mejor despertador. Escrita en estado de delirio, ésta es una Constitución psicodélica, que se olvida del sistema electoral pero no olvida de llamar “maritorios” a nuestros mares. Una Constitución que le da derechos a la naturaleza y se los quita a los partidos políticos. Una Constitución que se preocupó con esmero de proteger el derecho a los “cielos nocturnos”, pero no define del todo las atribuciones de las regiones o de los pueblos originarios que pueden, en una interpretación, ser omnipotentes y, en otro, puramente decorativos.

La Nueva Constitución es la síntesis de todos los sueños que hemos soñado todos estos años. Puede ser por eso mismo nuestro mejor despertador. Escrita en estado........

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