menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Columna de Pablo Zeballos: La mafia que habla bajo

29 0
20.09.2026

Hace algunos días un comerciante chino llevó a la policía chilena hasta una historia difícil de imaginar. Según la Fiscalía, un grupo lo secuestró utilizando un falso cuartel policial. Había funcionarios activos de la PDI, un hombre que se presentaba como agente del FBI y un exfiscal de larga trayectoria, Vinko Fodich, quien reconoció haber participado como intermediario en uno de los hechos investigados y haber recibido dinero.

Partieron pidiendo $200 millones.

La investigación está comenzando y será la justicia la que determine las responsabilidades. Pero el caso tiene una particularidad que merece atención. Algunas de las personas que aparecen en esta causa habían tenido relaciones previas con integrantes del denominado Clan Chen, una organización de origen chino investigada desde Iquique por lavado de activos provenientes de estafas internacionales. Son investigaciones diferentes y hasta ahora no existe evidencia pública suficiente para afirmar que formen parte de una sola estructura.

El cruce, sin embargo, permite hacer una pregunta bastante más amplia.

¿Qué sabemos realmente de las mafias chinas que operan en Chile?

Durante los últimos años aprendimos bastante sobre el Tren de Aragua. Conocemos sus nombres, sus brazos, parte de su estructura y los territorios donde se instaló. Aprendimos también a reconocer algunos de sus métodos: secuestros, extorsiones, trata de personas, explotación sexual, homicidios y una violencia deliberadamente visible que permitió transformar reputación criminal en dinero.

Con las organizaciones criminales de origen chino ocurre algo distinto. Han estado bastante más tiempo frente a nosotros de lo que probablemente hemos advertido.

En 2023, el fiscal nacional Ángel Valencia ya identificaba públicamente al Bang de Fujian entre las organizaciones criminales investigadas en Chile. Dos años después, la Operación Muralla Oriental permitió detener a cerca de treinta personas y realizar más de sesenta allanamientos. La investigación incluía tráfico de drogas, homicidios, secuestros, comercio sexual, contrabando, delitos tributarios y lavado. Fueron encontrados además alrededor de $600 millones en efectivo.

En enero de este año apareció otra dimensión. La Operación EFOS desarticuló en Iquique una organización liderada por ciudadanos chinos y chilenos que habría utilizado empresas y el sistema financiero nacional para mover más de US$200 millones provenientes de estafas internacionales. Parte relevante de esos dineros había ingresado mediante operaciones desarrolladas en torno a Iquique y su Zona Franca.

En junio volvimos a mirar hacia Santiago. Una investigación de la Fiscalía Supraterritorial llegó hasta casinos clandestinos vinculados a personas investigadas como integrantes de Hongmen.

Bang de Fujian, Hongmen, Clan Chen

Bang de Fujian, Hongmen, Clan Chen. La tentación inmediata consiste en colocar todos esos nombres bajo una misma categoría: la mafia china.

Probablemente ese sea el primer error.

China posee 34 unidades administrativas de nivel provincial: 23 provincias, cinco regiones autónomas, cuatro municipios y dos regiones administrativas especiales. Esa división política todavía dice poco respecto de su diversidad social, cultural y lingüística. La clasificación lingüística más utilizada reconoce grandes grupos como mandarín, Wu, Gan, Xiang, Min, Yue y Hakka. Bajo ellos existen cientos de variedades locales, algunas mutuamente ininteligibles.

Fujian importa, Zhejiang importa, la ciudad de origen puede importar todavía más, ya que en las redes criminales chinas la pertenencia provincial, familiar o lingüística crea relaciones de confianza difíciles de observar desde afuera. Una persona puede reconocer inmediatamente que otra procede de su misma región, hablar una variedad lingüística compartida, conocer familias o comerciantes relacionados y participar de redes migratorias que comenzaron mucho antes de cualquier actividad criminal.

Esto obliga también a establecer una distinción muy mportante. La comunidad china en Chile no puede confundirse con las organizaciones criminales de origen chino que operan dentro o alrededor de ella. Es precisamente la existencia de redes comerciales, migratorias y familiares........

© The Clinic