Durante siglos hemos pensado que los aspectos de las cosas se dividen entre fondo y forma; y que una cosa, se supedita a la otra. Nos han dicho que si atendemos un aspecto, descuidaremos lo otro; así que es mejor, ir por lo seguro: por las ideas. Que nos apoyemos en la razón. Así, vamos olvidando los aspectos afectivos y sensitivos de la vida, dimensiones primordiales de lo social y lo humano, que –además– condicionan los procesos y los caminos por los que llegamos a unos u otros resultados.

Pero, en ese análisis del mundo, vamos perdiéndonos también nosotros. Cuando avanzamos al encuentro con el otro y con nuestra comunidad, nos preguntamos ¿de qué vamos a conversar? Y ante una breve dificultad, aparece un ¿qué tengo yo que ver con otro? ¿Por qué debo darle mi tiempo al otro? (¿Es mi tiempo?) ¿Por qué debo escuchar sus dolores y sueños? Y así –poco a poco– nos perdemos de la experiencia del otro como ser interdependiente; de encontrarse y encontrarnos junto a; de la sorpresa, la extrañeza, la transformación, el reconocimiento y del aprendizaje: del convivir junto a otros. Ante estos archipiélagos de soledades, aislamientos pandémicos y tecnológicos, nos hemos abandonado. Los algoritmos son perfectos: nos muestran rostros y bailes que piensan y publican lo que queremos leer / ver / oír. Pero existe al menos una salida: cuando urdimos estrategias colectivas de encuentro, la vida excederá a los dispositivos y (con el futuro) se nos aproximará como sea. Sucederá cuando nos demos el tiempo y el espacio de un encuentro abierto que transforme los horizontes propios (y del otro) desde una mirada sistémica.

Luego del 4 de septiembre –e independiente del resultado del plebiscito– nuestra cultura local saldrá a hallarnos en cada esquina en la que se asienten los anhelos, afectos, miedos y tradiciones con la que hemos sido formados; por ello es que los escenarios de futuros para Chile, que son palabras, esperanzas, ansiedades, dolores y oportunidades, operarán como nudos de tejidos sociales, tal y como nuestras madres o abuelas, hilaron tejidos, invierno tras invierno, a la orilla de estufas e infancias.

Y será nuestra labor trenzar las hebras de una historia nacional en un mismo telar, cobijando los amarres y desamarres que estos nudos abran. Esa es la corresponsabilidad que conllevan los escenarios para Chile: en sus horizontes habita la posibilidad de vincular asomos de comunidades, palabras y sabidurías populares, la ocasión de recuperar la confianza en la palabra del otro, desde su historia, pero también de recuperar nuestra propia confianza como ciudadanía; de reescribir el relato propio, nuestros derechos y dignidades, cultivando en la diferencia, la posibilidad de permanecer juntos y reaprender a convivir en un lazo social dialogante y móvil bajo la superficie de lo que parece quieto, pero donde todo ocurre. En nuestro tiempo y palabra compartida, en nuestras conversaciones, realizamos pequeños pactos para mantenernos juntos, en la misma trama, el mismo textil, en esta misma cultura, donde nadie debe quedar fuera.

Día a día vamos siendo permeados por aquello que nos sujeta a las superficies y a las transformaciones sociales. Los puntos corridos y la convivencia de sus nudos –reconocemos– son parte del diseño y de la trama.

Pero existe al menos una salida: cuando urdimos estrategias colectivas de encuentro, la vida excederá a los dispositivos y (con el futuro) se nos aproximará como sea. Sucederá cuando nos demos el tiempo y el espacio de un encuentro abierto que transforme los horizontes propios (y del otro) desde una mirada sistémica.

En ese afán de a(r)mar la trama y el desenlace, la Corporación 3xi en conjunto con Tenemos que Hablar de Chile, la Fundación Avina y la Fundación para la Superación de la Pobreza, organizamos un espacio de reflexión para reunir a personas de distintas realidades, sensibilidades y geografías del país, en torno a las conclusiones del documento “Chile al 2030: escenarios de futuro”, resultado de un proceso de diálogo desarrollado por Tenemos que Hablar de Chile junto con más de 300 personas de los más diversos orígenes, posiciones y miradas. El fruto de este encuentro será la posibilidad de una instancia de intercambio entre perspectivas y socializaciones que buscarán que actores sociales contagien y anuden de diálogo toda superficie posible, de cara al Chile del 2030.

QOSHE - Los nudos bajo las superficies - María Jesús Aldunate
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Los nudos bajo las superficies

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05.07.2022

Durante siglos hemos pensado que los aspectos de las cosas se dividen entre fondo y forma; y que una cosa, se supedita a la otra. Nos han dicho que si atendemos un aspecto, descuidaremos lo otro; así que es mejor, ir por lo seguro: por las ideas. Que nos apoyemos en la razón. Así, vamos olvidando los aspectos afectivos y sensitivos de la vida, dimensiones primordiales de lo social y lo humano, que –además– condicionan los procesos y los caminos por los que llegamos a unos u otros resultados.

Pero, en ese análisis del mundo, vamos perdiéndonos también nosotros. Cuando avanzamos al encuentro con el otro y con nuestra comunidad, nos preguntamos ¿de qué vamos a conversar? Y ante una breve dificultad, aparece un ¿qué tengo yo que ver con otro? ¿Por qué debo darle mi tiempo al otro? (¿Es mi tiempo?) ¿Por qué debo escuchar sus dolores y sueños? Y así –poco a poco– nos perdemos de la experiencia del otro como ser interdependiente; de encontrarse y encontrarnos junto a; de la sorpresa, la extrañeza, la transformación, el reconocimiento y del aprendizaje: del convivir junto a........

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