Sea cual sea el resultado, el 5 de septiembre no habrá nada que celebrar. El proceso de cambio constitucional continuará, por lo que la pregunta relevante a responder debe enfocarse en cuál es el mejor punto de partida para comenzar este nuevo ciclo. Lamentablemente, las ocho semanas que nos separan del 4 de septiembre estarán cargadas de discusiones partisanas y atrincheradas, propias de una elección plebiscitaria. Por esto, es clave levantar la mirada y tener “altura de miras”, esa misma que el Presidente Boric nos invitó a tener cuando recibió el texto el lunes pasado.

La propuesta final de la Convención parece más un repositorio de demandas identitarias insatisfechas que la Carta Magna necesaria para navegar las próximas décadas. Más allá del Estado plurinacional, de un peculiar bicameralismo asimétrico, una fragmentación del Estado regional y sistemas de justicia paralelos para indígenas, preocupan tres elementos que recorren el texto: primero, el ánimo refundacional y de ruptura con la historia y tradición constitucional de Chile, sin ningún ánimo de articular cambio y continuidad.

Lamentablemente, las ocho semanas que nos separan del 4 de septiembre estarán cargadas de discusiones partisanas y atrincheradas, propias de una elección plebiscitaria.

Segundo, una constante actitud maniquea -ellos contra nosotros- para abordar los distintos desafíos. Por ejemplo, en materia de derechos sociales no se entiende el excesivo rol del Estado en desmedro de la sociedad civil, cuando se podría haber optado por un texto que reconociera explícitamente la colaboración entre ambos.

Tercero, el sistema político, con una Cámara de Diputados omnipresente, sólo acentuará la fragmentación política actual, debilitará (aún más) a los partidos, exacerbará conflictos entre el Ejecutivo y el Parlamento (se acaba la iniciativa exclusiva), abriendo de par en par la puerta a populismos de corto plazo.

Conscientes de los ripios del texto final, adherentes del Apruebo llaman a “aprobar para reformar”, tesis que a esta altura es altamente improbable, por no decir inviable. Aproximadamente tres de cuatro artículos del texto se debe modificar con un alto quorum (2/3 o 4/7 más un plebiscito). También, una vez instalado el nuevo régimen, ¿qué incentivos tendrán los incumbentes de borrar con el codo lo que escribieron con la mano? Por último, las normas transitorias establecen un cronograma de implementación kafkiano, que unido a la eventual promesa de reformar el texto, nos sumirán en un pantano institucional de difícil salida. De aprobarse el texto, solo para asegurar una transición efectiva, habrá que implementar 40 cuerpos legales, casi la mitad de ellos en menos de un año.

La opción del Rechazo tiene grandes desafíos, pero es importante despejar que a esta altura no es volver a fojas cero. Desconocer los profundos cambios sociales que ha vivido el país en los últimos años y la muerte política de la actual Constitución -de la mano del resultado del plebiscito de entrada- sería una miopía. La centro derecha aquí tiene una responsabilidad mayor: dar señales y pasos concretos que muestren a la ciudadanía su real compromiso con el cambio constitucional.

Hace unas semanas un grupo de miembros de centros de estudio de centroderecha, lanzamos la iniciativa “Casa de Todos”, la que pretende poner sobre la mesa contenidos constitucionales para la discusión. Luego, hace unos días, los tres partidos de Chile Vamos suscribieron una carta pública, comprometiéndose con 10 contenidos concretos de reforma constitucional. Estos son pasos de una importante significancia y señales concretas de que la opción del Rechazo no es el fin del camino sino el inicio de uno nuevo. A esto hay que sumar la declaración pública de diversas figuras de la centro izquierda que ya se adhirieron al Rechazo, haciendo de esta opción algo transversal y desanclada del clivaje izquierda-derecha.

Como dijo el ex Presidente Lagos, una Constitución exitosa será aquella que “nos permita dejar de debatir acerca de ella para convivir dentro de ella”. Es tiempo de dejar atrás la oportunidad perdida por la Convención y levantar la mirada hacia un cambio constitucional que nos permita enfrentar el futuro unidos. Gane el Rechazo o el Apruebo es necesario que el Presidente empiece a trabajar en una hoja de ruta que comenzará el 5 de septiembre. Hoy, más que nunca, deberá actuar con la “altura de miras” que él mismo pidió. Y es que su rol será clave para cimentar el camino de un cambio constitucional con la mirada común y amplia que Chile se merece.

QOSHE - Rechazo con altura de miras - Juan José Obach
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Rechazo con altura de miras

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13.07.2022

Sea cual sea el resultado, el 5 de septiembre no habrá nada que celebrar. El proceso de cambio constitucional continuará, por lo que la pregunta relevante a responder debe enfocarse en cuál es el mejor punto de partida para comenzar este nuevo ciclo. Lamentablemente, las ocho semanas que nos separan del 4 de septiembre estarán cargadas de discusiones partisanas y atrincheradas, propias de una elección plebiscitaria. Por esto, es clave levantar la mirada y tener “altura de miras”, esa misma que el Presidente Boric nos invitó a tener cuando recibió el texto el lunes pasado.

La propuesta final de la Convención parece más un repositorio de demandas identitarias insatisfechas que la Carta Magna necesaria para navegar las próximas décadas. Más allá del Estado plurinacional, de un peculiar bicameralismo asimétrico, una fragmentación del Estado regional y sistemas de justicia paralelos para indígenas, preocupan tres elementos que recorren el texto: primero, el ánimo refundacional y de ruptura con la historia y tradición constitucional de Chile, sin ningún ánimo de articular cambio y continuidad.

Lamentablemente, las ocho semanas........

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