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El viaje de Valentinna Rangel, una mujer trans venezolana en Chile

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19.10.2021

Agua, harina pan, una pizca de sal. Cebolla, tomate, huevos. Unas manos con dedos largos y las uñas delicadamente pintadas de dorado amasan, cortan, mezclan y condimentan el desayuno: arepas con perico. El aroma que abraza todo el departamento 610 no puede ser más venezolano. Pero contrasta con las decoraciones de Fiestas Patrias rojas, azules y blancas que todavía se ven en los pasillos de este edificio ubicado en pleno centro de Santiago.

Es en ese espacio híbrido, donde habitan Venezuela y Chile, sabores de allá, colores de acá, que Valentinna Rangel (28) se siente bien. Fue el primer lugar que construyó sola para sentirse libre. Es como estar en su mente: tiene rincones coloridos y otros con tonos más sobrios. En un mueble se ven libros críticos de la revolución chavista, unos que abordan el feminismo 4.0 y relatos de extranjeros, además de un cuaderno íntimo en el que se lee la palabra “transformación”.

“Mi departamento me gusta porque es el lugar donde soy yo, sin los monstruos de la calle, los prejuicios, la discriminación, todo, todo lo que pueda existir. Ha sido el espacio donde me he podido construir”, cuenta.

El lugar donde, finalmente, es. No sólo sueña. No sólo imagina. Es Valentinna Rangel, una mujer transgénero y migrante venezolana en Chile.

Tenía 11 años cuando descubrió que como ella había otras. Vivía en Maracaibo, un importante centro petrolero de Venezuela, pero pasaba gran parte de sus tardes no en las calles llenas de casas coloridas y edificios coloniales, sino en internet.

Fue viendo videos de YouTube que supo que era posible transicionar. Que esa voz en su cabeza que la incitaba a pintarse las uñas de los pies a escondidas pese a que estudiaba en un colegio militar, que esa idea constante de hablar en chats haciéndose pasar por diferentes mujeres, no era un error. Ni tampoco una enfermedad. Valentinna, aunque no supiera todavía que ése sería el nombre que elegiría para sí, finalmente entendió que esa desconexión entre su mente y su cuerpo no la vivía sólo ella.

“Mi único problema era que había nacido en Venezuela”, recuerda.

Nueve de cada diez personas se declaraban católicas en esa época y desde el gobierno de Hugo Chávez no había políticas públicas orientadas a la comunidad LGBTIQ .

Valentinna veía cómo se referían en las calles a las disidencias sexuales. Veía el maltrato, los susurros, las miradas asqueadas. Escuchaba los garabatos, las ofensas que se proferían en contra de cualquier persona que no fuera heterosexual. Se había enterado de personas trans que fueron echadas de sus escuelas. Valentinna sabía que, de una u otra forma, era prohibido ser quien ella era: “Me podía pasar cualquier cosa. Hacerse público y ser visible siendo trans en Venezuela es una bomba de tiempo”.

En 2008, la organización Venezuela Diversa solicitó a una serie de autoridades, entre ellas el mandatario; la defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez Pérez y la Fiscal General Luisa Ortega, decretar el Día Nacional contra la Homofobia y la Transfobia.

Fue viendo videos de YouTube que supo que era posible transicionar. Que esa voz en su cabeza que la incitaba a pintarse las uñas de los pies a escondidas pese a que estudiaba en un colegio militar, que esa idea constante de hablar en chats haciéndose pasar por diferentes mujeres, no era un error. Ni tampoco una enfermedad.

Venezuela Diversa argumentaba que los discursos homofóbicos y transfóbicos eran evidentes en diferentes parodias en programas de televisión, en la dificultad de las disidencias a optar a puestos de trabajo, en los actos de violencia física y psicológica por parte de los cuerpos policiales, en el desprecio a la población LGBTIQ en algunas instituciones de salud y en “la falta de zonas de tolerancia donde poder recrearse y expresarse libremente sin necesidad de estar escondidos o con temor a ser víctimas de violencia”. Recién en mayo de este año la Asamblea Nacional (Parlamento) aprobó un acuerdo en el que se proclama el 17/05 como Día Nacional contra la Homofobia, Bifobia y Transfobia en Venezuela.

Pero para entonces Valentinna ya había salido de Maracaibo. Ya llevaba más de cinco años viviendo en Chile.

***

La decisión de migrar empezó mucho antes de la crisis en el país y fue siempre de la mano con el sueño de comenzar su transición.

En su departamento en Santiago, Valentinna se ríe al recordarlo: cree que todo partió con “Mi gorda bella”. Reflexiona, incluso, que lo más probable es que haya elegido ese nombre para sí misma debido a la protagonista de la exitosa teleserie venezolana.

“Es súper gordofóbica la novela, pero yo, a los 15 años (en 2008) ya pensaba: ‘a mí me va a pasar lo mismo que a esa Valentina, yo me voy a tener que ir, transicionar y regresar a mi país’”. El personaje principal, interpretado por Natalia Streignard, es una mujer que se va de Venezuela para adelgazar y vuelve tras todo ello a seguir con su vida.

Esa decisión quedó vigente. No cambió ni en 2015 cuando la abogada venezolana Tamara Adrian hizo historia al convertirse en la primera mujer transgénero de toda América en ganarse un escaño como diputada.

La crisis política, económica y social que vive el país no hizo más que confirmar las ganas de Valentinna de vivir afuera de Venezuela.

Es un sentimiento común entre la comunidad trans venezolana, comenta Tamara Adrian, quien sostiene que la crisis afecta a esta minoría de manera diferenciada. “En Venezuela, con esta dictadura no hemos podido hablar de ninguno de los temas del siglo XXI. No hay ninguna política pública en Venezuela de protección a la comunidad LGBT en general y eso es particularmente dramático en el caso de los trans”, sostiene la activista.

No hay hormonas en el país para las personas trans desde 2016. La propia Tamara Adrian pide apoyo a personas que viven en Colombia para que le envíen esos productos. La desesperación ha hecho que muchos hombres trans empezaran a inyectarse testosterona para caballos y algunos de ellos han desarrollado cáncer de hígado por lo mismo, recoge Caleidoscopio Humano, una organización que busca visibilizar las violaciones a los DD.HH. de las comunidades más vulnerables en el país, incluyendo la comunidad trans.

Hasta hoy, de acuerdo con organizaciones de Derechos Humanos, no hay manera de hacer una transición en Venezuela por ausencia absoluta de hormonas en el sistema de farmacias. Y quienes acceden al mercado negro se exponen a múltiples riesgos.

La situación en el país también ha significado una mayor invisibilización de los crímenes contra las personas transgénero: la mayoría de los medios de comunicación han cerrado y ha sido complejo para las ONG contar con informaciones sobre crímenes de odio contra la comunidad trans a lo largo de Venezuela.

“En Venezuela, con esta dictadura no hemos podido hablar de ninguno de los temas del siglo XXI. No hay ninguna política pública en Venezuela de protección a la comunidad LGBT en general y eso es particularmente dramático en el caso de los trans”, sostiene la activista Tamara Adrian.

Gran parte de los datos obtenidos son de Caracas o de algunas ciudades que todavía cuentan con periódicos y son dados a conocer a través de redes sociales -en particular Twitter y Telegram-. El más reciente fue en julio de este año: una mujer trans de 21 años murió en el barrio de Santa Cruz del Este. Fue apuñalada y descuartizada. Se sumó a las al menos 126 personas trans asesinadas en el país entre 2008 y septiembre de 2020, de acuerdo con datos de Transgender Europa en su Observatorio de Personas Trans Asesinadas.

La mayoría de los crímenes se quedan sin resolver. Si antes las ONG podían acudir a la fiscalía para empujar los casos y participar en los tribunales, todo eso cambió en los últimos años, luego que se determinara que solo pueden acceder al expediente de las víctimas sus familiares más cercanos.

A los problemas físicos se suman los legales. Aunque la Ley Orgánica del Registro Civil establece que cualquier ciudadano adulto puede modificar su nombre de pila una vez, las solicitudes de cambio de nombre de personas trans suelen ser rechazadas por la entidad y redirigidas a juzgados administrativos. En esos casos, la mayoría de los pedidos son denegados después de un tiempo prolongado e invocando exámenes médicos, psicológicos, psiquiátricos o forenses. Tamara Adrian lucha desde hace más de 10 años por hacer su cambio de nombre y sexo.

Ante ese panorama, ella ha sostenido que las personas trans son una suerte de “fantasmas” en Venezuela. Y que eso impulsa a muchas a irse del país, que ya ha tenido un éxodo masivo de 5,4 millones de personas (de una población de 28 millones), de acuerdo con la Agencia de la........

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