Sucedió hace algunas semanas. Por razones que no vienen al caso detallar tuve que moverme desde Avenida Las Condes con Padre Hurtado hasta Manuel Montt con Providencia a eso de las dos y media de la mañana de un sábado. Mientras me desplazaba lentamente en el auto y me detenía en los numerosos semáforos en rojo que me tocaron, era testigo de algo que ya es sabido: la noche santiaguina está pasando por un punto bajo, muy bajo.

Y no es que mi recorrido haya sido antes el corazón de la fiesta, pero lo cierto es que esa madrugada no pasaba nada. Ni las botillerías cercanas al Omnium, ni el Sergio’s en Escuela Militar, ni las profesionales en las esquinas del Barrio el Golf. Nada funcionaba. Nada de nada. Por Tobalaba alguna escasa luz encendida, alguna moto de delivery subiendo por Apoquindo y en Providencia la excepción a la regla era la peatonal Orrego Luco, aunque sus locales ya estaban por cerrar a esa hora. Al llegar a Manuel Montt se notaba algo más de movimiento, pero poco. Y hacia el poniente solo había oscuridad.

¿Qué es lo que pasó con la noche? Algo que ya más o menos se sabe. Tras prácticamente un año y medio de restricciones (incluido toque de queda nocturno durante mucho tiempo), la vuelta a funcionar en horario nocturno de la gran mayoría de bares, restaurantes, fuentes de soda e incluso discotecas no volvió a ser la misma de antes. Esto, porque de alguna manera se generó una contracción general en los horarios (básicamente por falta de clientes y escasez de personal). De esta forma, si para comer algo antes se podía disponer de opciones hasta más o menos la medianoche, esto ahora es -con suerte- hasta las once. Para beber y relajarse la cosa no suele pasar de la medianoche o a lo más la una de la mañana. Y claro, el último refugio de los bohemios podríamos decir que son los negocios donde se baila. Que aunque pocos, aún funcionan hasta bien entrada la madrugada -en Bellavista, La Florida, Maipú, Las Condes y varios otros puntos de la ciudad- y sobre todo pensando en un público cada vez más joven.

Pero así como ver barrios bohemios con circulacion de gente y vehículos hasta pasada la medianoche, la verdad es que pocazo. Hasta las botillerías de emergencia se ven cerradas, incluso algunas emblemáticas. Dicen que el delivery las tienen en la cuerda floja. Así las cosas, salvo negocios y zonas bien puntuales, Santiago de noche parece una ciudad de provincia en invierno, donde da la impresión que la gente se queda en casa viendo Netflix o simplemente se acuesta temprano a leer o vaya a saber uno qué. Además, dicen varios empresarios y empleados del rubro nocturno “la sensación de inseguridad general no ayuda en nada para animar a la gente a salir de noche”.

Ahora bien, a contar de este sábado se acaba en todo el país el uso de mascarillas en lugares cerrados además de la exigencia de pase de movilidad a los clientes de bares y restaurantes, así como también se acaban las restricciones de aforo. Una medida, desde luego, muy esperada por todos los ciudadanos. Sin embargo, ¿puede esto ayudar a reactivar la noche? Según algunas averiguaciones hechas en el rubro gastronómico y también en algunos locales que funcionan de noche, la verdad es que no hay muchas esperanzas en que el panorama cambie ahora sin mascarillas.

“La gente que está dispuesta a salir ya lo está haciendo hace rato, no creo que se sume mucha más ahora por el fin de las restricciones”, comenta el operador de varios boliches en comunas como Providencia y Santiago. Otro dueño de bar asegura que el aumento de público será marginal “y más que nada debido a que en octubre el tiempo mejora y la gente siempre ha salido más”, aunque sostiene que “para la gente que no gusta de las terrazas es una buena noticia el saber que adentro no hay control de aforo ni de pase de movilidad. Al final, se hace todo más práctico”.

Otros actores de la noche santiguina, sobre todo en lo que a bares se refiere, aseguran que un aumento de público por las noches solo podría activarse con la llegada de más turistas, ya que las cifras actuales están bien lejos de lo que pasaba antes de la pandemia. En la ANETUR (Asociación Nacional de Empresarios Nocturnos, de Turismo y Espectáculos) miran el tema del fin de las mascarillas y otras restricciones con más optimismo, pues estiman que “es una señal clara de que la pandemia como concepto terminó y ahora estamos en una endemia, como dijo el Subsecretario de Salud, por lo que ya no estamos en el escenario de hace dos años”. Opiniones más, opiniones menos, pareciera estar claro que a partir del primero de octubre no tendremos una reactivación de la noche ni nada parecido. O mirándolo desde otro ángulo, no es fácil cambiar el escenario actual que tiene a la ciudad guardándose tan temprano.

Es que las cosas no parecieran ser igual que antes. De alguna manera la mezcla de sucesivos acontecimientos, como el estallido social, más la pandemia y sus restricciones, a lo que podemos sumar la fuerte inflación que nos afecta, la preocupación por las encerronas y otros delitos que afectan a la población le pegan fuerte a la noche santiaguina y de otras grandes ciudades chilenas.

Un estudio encargado por Enjoy a la Universidad Adolfo Ibáñez y Cadem sobre “Los chilenos y la entretención” (sondeo que se realizó durante el mes de junio en varias regiones del país), arrojó que el 78% de los encuestados aseguran que se entretienen principalmente “indoor”. Y ojo, esta cifra sube a un 86% en los mayores de 35 años. Mala cosa. Pero al parecer, estamos en un fenómeno global. De hecho, la semana pasada en el New York Times apareció una nota que daba cuenta de una situación similar al de la noche santiaguina justamente en Nueva York, la ciudad “que nunca duerme”. Según la crónica, los horarios de cierre de muchos restaurantes y otros establecimientos nocturnos se había adelantado un par de horas de vuelta de la para por la pandemia. Además, varios boliches conocidos por cerrar sus cortinas de amanecida o derechamente no cerrar, ahora operan con suerte hasta medianoche. ¿La razón? Una mezcla de baja demanda, más temor a que sus empleados vuelvan a sus hogares muy tarde. Otra vez, el tema de la inseguridad.

Bueno, así están las cosas al menos en Santiago por la noche y nada indica que la escena cambie demasiado a partir del primero de octubre con el adiós a las mascarillas. Sin embargo, la gente que trabaja en horario nocturno -o al menos lo intenta- asegura que si la cosa se prende, ellos están más que dispuestos a extender sus horarios de atención. “Si veo que hay una demanda fuerte de clientes no tengo problema en cerrar más tarde”, dice un dueño de bar. En el Ministerio de Transportes, aunque reconocen no tener indicadores de que se vengan grandes cambios en el comportamiento de los usuarios del transporte público santiaguino, están atentos a lo que pudiese suceder a contar del 1 de octubre.

Así las cosas no es que uno sea pesimista, pero da la impresión que el panorama nocturno actual de la ciudad es la norma que se va a seguir dando al menos en el mediano plazo. Y es cierto, el que busca siempre encuentra un lugar para tomarse esa última copa o pegarse el último baile, pero cada vez se hace más difícil, caro o lejos. O todas las anteriores.

Si hablamos de inicios de semana la cosa es peor, porque la ciudad está simplemente muerta. Me pasó hace un par de meses un martes por la noche, cuando tras ir al estadio pasé a un bar amigo a comer y tomar algo. Pero a la medianoche me echaron sin derecho a pataleo alguno. No es que nunca me hayan expulsado de un boliche, pero al menos las veces anteriores (tan poco han sido tantas) fueron por otro tipo de problemas, no porque tenían que cerrar y más encima a medianoche. Pero claro, así estamos, hasta nuevo aviso.

QOSHE - Columna de Álvaro Peralta: ¿Se van las mascarillas y vuelve la noche? - Alvaro Peralta Sainz
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Columna de Álvaro Peralta: ¿Se van las mascarillas y vuelve la noche?

5 3 1
30.09.2022

Sucedió hace algunas semanas. Por razones que no vienen al caso detallar tuve que moverme desde Avenida Las Condes con Padre Hurtado hasta Manuel Montt con Providencia a eso de las dos y media de la mañana de un sábado. Mientras me desplazaba lentamente en el auto y me detenía en los numerosos semáforos en rojo que me tocaron, era testigo de algo que ya es sabido: la noche santiaguina está pasando por un punto bajo, muy bajo.

Y no es que mi recorrido haya sido antes el corazón de la fiesta, pero lo cierto es que esa madrugada no pasaba nada. Ni las botillerías cercanas al Omnium, ni el Sergio’s en Escuela Militar, ni las profesionales en las esquinas del Barrio el Golf. Nada funcionaba. Nada de nada. Por Tobalaba alguna escasa luz encendida, alguna moto de delivery subiendo por Apoquindo y en Providencia la excepción a la regla era la peatonal Orrego Luco, aunque sus locales ya estaban por cerrar a esa hora. Al llegar a Manuel Montt se notaba algo más de movimiento, pero poco. Y hacia el poniente solo había oscuridad.

¿Qué es lo que pasó con la noche? Algo que ya más o menos se sabe. Tras prácticamente un año y medio de restricciones (incluido toque de queda nocturno durante mucho tiempo), la vuelta a funcionar en horario nocturno de la gran mayoría de bares, restaurantes, fuentes de soda e incluso discotecas no volvió a ser la misma de antes. Esto, porque de alguna manera se generó una contracción general en los horarios (básicamente por falta de clientes y escasez de personal). De esta forma, si para comer algo antes se podía disponer de opciones hasta más o menos la medianoche, esto ahora es -con suerte- hasta las once. Para beber y relajarse la cosa no suele pasar de la medianoche o a lo más la una de la mañana. Y claro, el último refugio de los bohemios podríamos decir que son los negocios donde se baila. Que aunque pocos, aún funcionan hasta bien entrada la madrugada -en Bellavista, La Florida, Maipú, Las Condes y........

© The Clinic


Get it on Google Play