Ante las “nuevas amenazas”: Soberanía proclamada bajo la Cumbre Escudo de las Américas |
Porque tal vez ahí resida la paradoja mayor de esta hora continental: mientras América Latina busca diversificar sus vínculos y ensanchar sus márgenes de maniobra en un mundo multipolar, Estados Unidos responde con una doctrina de cierre, vigilancia y tutela. Lo llama estabilidad, Lo llama seguridad, lo llama cooperación, pero bajo esos nombres vuelve a asomar algo mucho más antiguo: la persistencia del reflejo imperial
Lo primero que deja la Cumbre Escudo de las Américas convocada en Miami por el presidente Donald Trump no es una imagen de cooperación entre iguales, sino una paradoja deliberadamente construida: en nombre de la soberanía regional, Estados Unidos acaba de presentar un nuevo dispositivo de tutela hemisférica. Bajo la retórica del combate a las “nuevas amenazas”, y mediante una “articulación” exprés de gobiernos ideológicamente afines, el mandatario reunió a una docena de presidentes alineados con su agenda política, y proclamó “el derecho de los pueblos del continente a forjar su propio destino sin interferencias”, pero ponía en escena una arquitectura política, militar y estratégica destinada a condicionar ese destino desde el Norte.
El llamado Escudo de las Américas no nace como un simple mecanismo de coordinación contra el narcotráfico, la migración irregular o el crimen transnacional, tal como se lo presenta en el discurso oficial. Nace como una nueva formulación de la vieja pretensión de mando hemisférico de Estados Unidos: una versión pretendidamente actualizada de la Doctrina Monroe, rehecha a la medida de Trump, de su lenguaje de fuerza y de su voluntad de restaurar la primacía norteamericana en una región que vuelve a ser mirada como patio trasero, reserva estratégica y zona natural de obediencia.
Lo que Washington llama amenaza es, en realidad, el pretexto que necesita para legitimarse como árbitro supremo de la seguridad continental y, asido a ese pretexto, militarizar la agenda regional y reordenar el mapa político latinoamericano según sus conveniencias. Antes fue la “amenaza comunista”; después, la “guerra contra las drogas”; luego, la “guerra contra el terrorismo”. Ahora llegan las “nuevas amenazas”: un concepto lo suficientemente amplio, ambiguo y elástico como para justificar desde operaciones de inteligencia compartida hasta intervenciones directas, desde control de fronteras hasta presión........