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La energía nuclear va ocupando su lugar en el mundo

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15.10.2019

Hace unos días me reuní con un compañero del disuelto colectivo con el que intentamos impulsar la ILP contra la prórroga de los siete reactores nucleares que funcionan en España.

Este compañero, excelente persona y generoso activista voluntario, participa en los encuentros (en su mayoría de gente joven) que "ExtinctionRebellion" (ER) realiza en Barcelona desde hace unos meses, y me comentó que la mayoría de esa juventud preocupada por las consecuencias devastadoras del cambio climático, se pronunciaban favorablemente sobre la energía nuclear, considerándola una "alternativa libre" de emisiones de gases de efecto invernadero y, por tanto, un medio para paliar la catástrofe en curso. El compañero veía necesario hacer algo ante una irracionalidad ecológica tan evidente.

Anticipo: este artículo no va de ese "algo". El "algo" (que se debe hacer al margen de que sirva o no para "algo") sólo puede surgir de una actividad colectiva (si hay base social para impulsarla). Aquí se trata de aproximarnos a el actual estado de las cosas y apuntar algunas de las causas por las que una parte de esa juventud apoya a un monstruo tecnológico como la energía nuclear, con un historial —que se acrecienta día tras día— de sufrimiento, muerte y destrucción; con dos catástrofes globales e irreversibles que siguen activas (Fukushima y Chernóbil), más un número difícil de determinar de catástrofes regionales con proyección global. Porque sin entender cómo hemos llegado a este punto difícilmente podremos plantearnos hacer «algo» para cambiarlo.

La industria nuclear ha madurado

Superadas las locuras de infancia y juventud (aquella propaganda de que la electricidad nuclear eliminaría los contadores por ser "demasiado barata para medirla"), y superadas las maniobras para presentarse como alternativa total en el conflicto energético (el "renacimiento" como respuesta a la escasez de combustibles fósiles), hemos llegado a un punto en que la industria es consciente de las limitaciones impuestas por las reservas de uranio y la escasez de materias primas y, al mismo tiempo, sabe que mantener el despilfarro energético que exige el capitalismo neoliberal en la situación actual de agotamiento progresivo de los recursos energéticos fósiles bloquea el desarrollo de modelos alternativos.

La economía exige echar mano de todo lo que hay, y la industria nuclear lleva ocho años desplegando una estrategia discreta: alargamiento al máximo del funcionamiento de reactores activos mediante pactos económicos y políticos (caso por caso, si es necesario), e impulso de un programa de construcciones adaptado a las exigencias de la geopolítica global con varios centros de poder, y todo ello sin ruido mediático.

Dos ejemplos para ilustrar esta madurez: las nucleares en China y Rusia, y la política de las potencias emergentes en zonas de interés económico.

El programa de construcción de centrales en China ha llevado a reevaluar las valoraciones, incluidas las críticas. El primer reactor de "Fase III" entró en funcionamiento en 2010, y todo el programa va ilustrado........

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