La violencia y el crimen organizado como acumulación de capital por despojo |
La violencia consustancial al crimen organizado no es como en las películas que retratan el comportamiento de mafiosos que se enfrentan entre ellos o con las autoridades policiales. Esa violencia criminal, que a su vez es un engranaje del capitalismo, tiene como finalidad el expolio de territorios y la expansión de mercados ilegales y legales, sobre la base de prácticas y mecanismos de despojo premeditado y controlado, donde lo mismo concurren organizaciones criminales, bases sociales de éstas, empresas formales y agentes del aparato de Estado. Se trata de un sofisticado sistema que combina la explotación laboral ilegal, el secuestro de jóvenes para ingresarlos en las empresas criminales como mano de obra impaga, la exploración y saqueo de territorios depositarios de recursos naturales, el desplazamiento forzado de comunidades enteras para ejecutar a sus anchas el punto anterior, entre otras prácticas desestructurantes de la vida social.
La violencia criminal –y el crimen organizado en general– no es natural ni ahistórica; tampoco es una anomalía exógena al capitalismo. Es parte de sus mecanismos de valorización y acumulación del capital. Es parte del engranaje propio del ciclo económico. Cruzan sus empresas criminales todos los momentos del proceso económico: desde la producción de mercancías y servicios ilícitos, hasta la circulación y consumo global de las mismas; especialmente de las drogas. Al tiempo que lo ilícito se interrelaciona con mercancías legales que deambulan por los mercados formales. El blanqueo de activos de procedencia ilícita, la reinversión en actividades lícitas y el consumo y el derroche suntuarios completan esa dinámica de gestación de ganancias.
A su vez, el supuesto combate de la violencia criminal es parte de la justificación que esgrimen los Estados para realizar importantes inversiones de gasto público en armamento y en estrategias y logísticas que le dan forma a los procesos de militarización. Con ello, el Estado se erige en un gran consumidor de la industria armamentista que, de igual modo, dinamiza el ciclo económico y lo aleja de sus fases de crisis.
El carácter sistémico de la........